La reina Victoria también vio al gemelo y al instante desvió la atención hacia su hija que, por lo visto, pretendía acercarse a Karl. Cuando Karl llegó cerca del príncipe Leif y Sebastien, él les guiñó un ojo y siguió de largo para ir a donde estaba Leah que veía de reojos a su madre la cual en ese mismo momento negaba con su cabeza, diciéndole de esa forma que no se acercara a ese joven. —Su alteza —saluda Karl haciéndole una reverencia a Leah que parecía algo incómoda —te vez... muy hermosa—admite Karl con sinceridad, porque la chica lucía maravillosa vestida de esa forma tan elegante. —Gracias, Karl, y tu tampoco luces tan mal —dice Leah sonriendo, mirando de reojos a su madre que ahora estaba cruzada de brazos, la veía con el ceño fruncido, y luego se volteó viendo a sus hermanos que

