—¡Caleb! —grité con todas mis fuerzas para qué jalara la cuerda y me sacara de allí, pero no hubo respuesta porque yo estaba demasiado abajo, tal vez algo más había pasado —, ¿qué le hiciste? —y pregunté a ella, porque tuve un presentimiento de qué tal vez me había traído allí para separarme de él, y yo había caído en su trampa —. ¡Caleb! —le llamé de nuevo. —Ya te lo dije, has servido para tu propósito, ahora no necesito más de ti —dijo y se rió de mí. Dejando miedo atrás moví la cuerda con la esperanza de que eso alertara de algún modo a Caleb, quería creer que él aún seguía allá arriba. —Confías demasiado en él —se burló de mí. —Es porque él no es como los demás, no es como quiénes te hicieron daño en el pasado, y tal vez te darías cuenta de ello si no estuvieras tan enterrada en tu

