La lápida frente a nosotros decía Lucía Castellanos, después de una exhaustiva búsqueda ese fue el nombre que Caleb pudo encontrar en una antigua lista de empleados. Aunque ella se había ido, Caleb Dumas seguía intranquilo así que decidió hacer un lugar para ella en el cementerio. No estaba segura de si era algo bueno, pero si lo ayudaba a dormir tranquilo entonces lo era. Además, había puesto la lápida en nuestro cementerio, cerca del mausoleo familiar de los Dumas, y en ella agregó un epitafio dónde agradecía su labor y se disculpaba por el daño causado. —¿Crees que le molestará encontrarse tan cerca de nosotros? —me preguntó. —No —respondí, aunque no creí que realmente fuera a importarle porque Lucia ya se encontraba en otro lugar, y estaba segura de que no volvería porque la tía Duma

