Lorenzo Al llegar a la mansión principal, el aire parecía haber cambiado. El silencio sepulcral que esperaba encontrar había sido reemplazado por la eficiencia mecánica de mi organización. Me detuve en el vestíbulo Apenas crucé el umbral, mi equipo de inteligencia se acercó. No hubo saludos, no hubo cortesías innecesarias. En este mundo, los protocolos de cortesía se mueren cuando la sangre empieza a hervir. — Señor, tenemos resultados —dijo uno de los analistas, extendiéndome una tableta con mapas de calor y coordenadas— Hemos captado a un hombre realizando visitas sistemáticas a ciertas casas de seguridad que no están bajo nuestro radar principal. Se mueve con cautela, pero lo hemos identificado. Estamos seguros de que es la persona encargada de rastrear sus movimientos sin levan

