Era embriagador, la forma en que me miraba como si quisiera devorarme. El calor de mi pecho presionándose contra el suyo cuando rodamos, ambos aferrándonos con más fuerza, incapaces de tener suficiente, ascendiendo a alturas increíbles de placer. Su aroma, el peso de sus caderas sobre mis muslos, la aspereza de sus mejillas contra mi piel, su gruñido hambriento, sus sonrisas sin aliento. Nunca había experimentado nada igual. Podría pasar años haciendo el amor con él y no sería suficiente. ¿Cómo iba a vivir sin esto? —No puedo vivir mi vida sin ti —dijo, mordisqueando mi labio. Tragué saliva, intentando concentrarme en sus palabras, pero su cuerpo, sus manos, me hacían cosas que dificultaban pensar en cualquier cosa que no fueran las sensaciones recorriéndome. —Daryl —susurré. Nuestros

