—¿Cómo pudiste darme ese ultimátum? —exigí. —Habla —dijo Justin—. Ya estaba empezando a olvidar cómo sonaba tu voz. Íbamos sentados en el tren elevado. Un pasillo separaba filas de asientos negros flanqueados por ventanas, salpicados de postes plateados a los que los pasajeros de pie se sujetaban para mantener el equilibrio. El vagón se balanceaba de un lado a otro mientras avanzaba rugiendo entre los edificios con su estruendo metálico; el aire estaba pesado, con olor a comida rápida. —Mamá y papá ya han pasado por suficiente. ¿Cómo se te ocurre siquiera someterlos a esto? Los destrozaría. —No tanto como ir a tu funeral. Negué con la cabeza, frustrada. Los ultimátums son tácticas sucias para controlar a alguien usando su miedo más vulnerable. Mamá y papá vivían en un mundo donde los

