Lo demostró con la mano y la manga de su camisa se subió un poco, dejando asomar un tatuaje. Y tenía cicatrices en los nudillos, como si alguna vez se hubiera cortado con vidrio roto o algo así. —Bien. Al otro lado. Obedecí. —¿Ves? Está bien. Levantó la mirada hacia mi cara. —¿Cómo te llamas? Genial. Seguro iba a llenar un reporte de accidente: chica se lesiona en dos segundos. —Joana Christiansen. Asintió. —¿Primera vez aquí? ¿Se nota tanto? Asentí. —¿Qué te trae por aquí? —A mi jefe le gusta torturarnos con actividades de integración. Una sombra de sonrisa se le dibujó en la boca. ¿Por qué me estaba revisando si no era médico? —¿Eres el dueño? Esperaba que dijera que no; no podía ser más de tres o cuatro años mayor que yo, pero asintió. —Daryl Soares. Soares. Como Stick

