Había mucho en juego esta noche. Lucio y yo teníamos que volver a encaminarnos. Simplemente no había otra alternativa, porque después de mi conversación con Daryl cuatro días atrás, la realidad se impuso: si yo estaba equivocada, si Lucio y yo no funcionábamos, entonces eso significaba que había perdido a mi mejor amigo y rechazado una amistad con Daryl para nada. Ese escenario, aunque nunca se lo admitiría a nadie, me perseguía. Por eso había tomado medidas extra para asegurarme de que a Lucio le gustara la fiesta. Fui a dos tiendas distintas para conseguir su cerveza favorita e incluso me di el lujo de comprarme un vestido nuevo. Era rosa pastel, con el corpiño entallado, tirantes finos y una falda de gasa vaporosa que me llegaba a las rodillas. No podía esperar a ver la expresión en el

