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1739 Words
Suspiró mientras se veía en el espejo de cuerpo completo, viendo su cuerpo con total atención, intentando encontrar algo que fuera diferente, pero no logrando ver mucho más que un ligero alargamiento de los colmillos. ― ¿Estás viendo lo guapo que eres? ―la voz de su padre omega hizo que se sobresaltara ligeramente, viéndolo a través del espejo. ―Uh, no. Quería ver si había algo diferente en mí―habló bajito, haciendo que el mayor sonriera enternecido, acercándose a él para abrazarlo. ―Sigues siendo igual de guapo. Sehun soltó una risita y dio media vuelta, correspondiendo al abrazo de su padre. ― ¿Huelo rico? Siento un poquito de mi olor, pero no tanto―colocó ambas manos sobre los hombros de su padre, viéndolo a los ojos. ―Hueles delicioso, cariño. Tu olor es muy lindo y agradable―le dio confort, ya que sabía que muchos niños llegaban a sentir inseguridad por sus olores, en especial porque no podían sentirlos en totalidad. ― ¿No huele mucho? Quizá si me abraza alguien puede ser mucho olor―el omega mayor negó con una sonrisa de labios sellados, juntando sus narices para rozarlas suavemente, haciendo que el príncipe soltara una risita. ―No lo es, mi vida. Tu olor es bueno y me encanta tenerlo cerca, sé que para los demás será similar―lo confortó, abrazando para comenzar a dejarle besos en la mejilla, haciendo al menor reír bajito. Cuando el menor se sintió cómodo con aquella información, caminaba de la mano de su padre alfa hasta poder llegar al patio del castillo, en donde se reunirían con Dongjunie y sus padres para poder pintar todos juntos. Sehun se mantenía aferrado al brazo de su padre mientras caminaban, porque podía sentir las miradas de los empleados que pasaban sobre él y eso lo ponía nervioso. Su olor no pasaba por desapercibido en el lugar para nada, en especial por la particularidad de tener un olor tan frutal. Pronto llegaron al patio y Sehun apretó los labios al ver a Dongjunie, quien inmediatamente comenzó a removerse sobre su asiento, emocionado por verlo nuevamente. ―Buenos días―saludó a los mayores y su mejor amigo, su saludo siendo correspondido. ―Buenos días, Sehunie ¿Cómo te sientes? ―fue lo primero que preguntó Dongjunie. El príncipe no se sentó al lado del castaño, sino al lado de su padre omega. ―Me siento mejor, gracias―sonrió pequeño sin mirar demasiado a Dongjunie, colocando su vista sobre las páginas y pinturas que estaban en el centro de la mesa. El castaño bufó disgustado, no comprendiendo por qué estaba alejándose así. ―Sehunie ¿Por qué no te sientas junto a Dongjunie? ―preguntó Yejun mientras se movía hacia la izquierda, para que hubiera más espacio junto a su hijo y él. ―No, gracias. Estoy cómodo aquí, hyung―dio una pequeña reverencia al agradecer, solamente estirando sus brazos para tomar una página y una caja con pinturas, para comenzar a pintar. Los adultos se vieron entre ellos con curiosidad por las palabras del príncipe, en especial porque ambos padres habían hablado con Sehunie de que no debía preocuparse por más, que esa necesidad de morder no volvería sin que él lo deseara, por lo que la reacción había sido una sorpresa hasta para ellos. ―Sehunie, quiero que te sientes a mi lado―se quejó Dongjunie, quien ni siquiera había podido sentir de cerca el nuevo olor de su mejor amigo―Ven aquí. El castaño era exigente, en especial con Sehun, por lo que no era una pregunta, sino una orden llena de molestia y capricho. El príncipe suspiró y movió sus cosas hasta el puesto al lado de Dongjunie, levantándose lentamente para poder rodear la mesa y sentarse a su lado. Dongjunie aprovechó ese momento para poder olfatear al príncipe, jadeando encantado cuando las frutas llegaron a sus fosas nasales, el castaño abrazándose a él con fuerza mientras seguía olfateando. ― ¡Hueles muy rico! Me gusta mucho tu nuevo olor―aquello hizo que el príncipe sonriera más, dejando de lado sus pinturas para poder ver al castañito, quien se mantenía pegado a él. ― ¿No me tienes miedo? ¿Por qué te acercas tanto? Dongjunie frunció el ceño y se separó ligeramente, para poder verlo mejor y que notara que no estaba nada contento con sus palabras. ―No tengo miedo, eres bobo―lo insultó. ―Dongjunie…―lo reprendió su padre omega, el castaño menor ignorándolo. ―Si tuviera miedo no estaría aquí, tu papi hyung explicó lo que pasó y no tengo miedo, quiero que seamos amigos, como siempre―se quejó, apretando el agarre en el brazo del más alto, no queriendo dejarlo ir si lo intentaba. ― ¿Tu brazo está mejor? ―preguntó realmente preocupado, porque no había sido capaz de ver la mordida después del accidente. ―Sí, ya casi no duele y dolería menos si me dieras besitos ahí―dijo firme, pero más bajo. Porque le daba vergüenza que sus padres lo escucharan―Pero te alejas y eso no me gusta. El príncipe suspiró y se acomodó sobre el asiento para poder quedar frente a frente con el castaño, colocando una de sus manos sobre la de su amigo, para darle caricias amorosas. ―Lo siento, es que me siento mal por lo que hice y no quería que me odiaras―confesó con pena, notando que sus padres habían comenzado a pintar por su cuenta, por lo que no intentaban espiar en la conversación. ―No te odiaré nunca, no podemos ser los mejores amigos reyes si nos odiamos, no tiene sentido―agitó la cabeza con molestia, intentando dejar más claro su punto. ―Es cierto, lamento el haberme querido alejar, no lo haré de nuevo―Dongjunie asintió satisfecho, apegando su cabeza a la contraria, ambos abrazándose cálidamente. ―Debes compensarlo―exigió, paseando su pequeña nariz por el hombro contrario, en donde podía sentir mucho del olor frutal. ― ¿Quieres que te dé un regalo bonito? ―preguntó mientras apoyaba su cabeza en la contraria, estirando sus brazos para retomar su pintura. ―Puede ser que le pidas a Minjoonie hyung un jugo y postre para mí, también quisiera hacer una pijamada―comenzó a enlistar sus exigencias, haciendo que Sehun riera y asintiera, ya que él podía hacer eso. ―Lo haré por ti, no te preocupes―el castaño asintió, manteniendo el abrazo en el príncipe, sin intenciones de moverse― ¿No vas a pintar? ―No, me gusta mucho tu olor, no quiero separarme―se quejó mientras cerraba los ojos, olfateando sin parar. ―Pero puedes seguir oliéndolo, es algo fuerte―Sehun se estiró para poder tomar otra página y más pintura, colocándolos frente al castaño, quien vio todo atentamente. ―Pero huele mejor de cerca. ― ¿Quieres que te preste mi suéter? Tiene mucho de mi olor y tus brazos están algo fríos―preguntó, el castaño asintiendo rápidamente sin dudarlo, separándose un poco para que pudiera quitarse la prenda. Sehun bajó el cierre de su suéter y se lo quitó con cuidado, manteniéndolo del lado correcto para poder colocarlo fácilmente sobre los hombros del castaño, ayudándolo a que introdujera los brazos. Al ser Sehun un poco más ancho y alto, el suéter le quedaba grande al castaño y eso le gustaba. ―Ahora sí puedo seguir pintando. Gracias, Sehunie. Lo que el doctor había dicho no había sido para nada mentira, porque Dongjunie había quedado hipnotizado con el olor de Sehun y no quería despegarse de él ni para ir al baño. Claramente los padres tuvieron que separarlos para esa ocasión, en especial porque Sehun se sentía nervioso de tenerlo pegado a él mientras iba al baño, por lo que le pidió que se mantuviera fuera mientras tanto. Al salir, fueron juntos al comedor para poder pedir el postre y jugo que Dongjunie quería, el cocinero y amigo aceptando totalmente y diciendo que lo llevaría a la habitación del príncipe cuando estuviera listo. ―Cariño, tenemos que ir a casa, mañana podemos venir y hacer la pijamada―dijo Yejun mientras acariciaba su cabello con cariño, su hijo mostrándose en desacuerdo con sus palabras. ―Pero no me he comido mi postre, ni mi jugo y Sehunie lo pidió para mí―intentó encontrar cualquier excusa para poder quedarse, negándose totalmente a dejarlo ir. ―Pero le dijimos a Minjoonie hyung que lo pusiera para llevarlo a casa, mi vida―el omega suspiró, viendo a su mejor amigo, para que le ayudara un poco. ―No es justo. Sehun suspiró y tomó a su amigo de la mano, guiándolo hasta su habitación, la cual había sido ordenada por él mismo antes de salir por la mañana. Tomó su manta, la cual había utilizado toda la noche y tenía impregnado su olor por completo y envolvió a Dongjunie con ella, el menor quedando con su cabeza y rizos al aire, solamente. ―Puedes llevarte mi manta mientras tanto, mañana te quedas en la pijamada y podrás estar conmigo y mi olor―explicó con una sonrisa, haciendo que el castaño sonriera―Así no será una espera muy larga. ― ¿Me darás siempre una manta con tu olor? ―preguntó mientras apretaba la tela en torno a su cuerpo, quedando como un pequeño burrito aromático a frutas. ―Si quieres sí, solo debes pedirlas. Dongjunie asintió satisfecho, tomando las puntas de la manta con una sola mano y sacando su brazo lastimado. ―Dame mi beso, me tengo que ir o papi se podrá ansioso―pidió, el príncipe sonriendo mientras tomaba el brazo ajeno y le dejaba dos besos sobre la mordida, la cual estaba casi del todo curada. ―Descansa y nos vemos mañana, trae contigo tu osito. ― ¡Sí! Nos vemos mañana―Dongjunie se estiró para darle un beso en la mejilla al más alto, tomándolo de la mano para poder volver a donde estaban sus padres y que el castaño fuera a casa. En un momento pensaron que la cercanía que Dongjunie querría mantener sería menos extrema de lo que realmente estaba siendo, pero no podían hacer mucho más, al menos no hasta que Dongjunie desarrollara su propio lobo y este supiera manejarse de mejor manera.
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