Azul disfrutó la velada con Lucian más de lo que esperaba. Él era encantador, atento y siempre sabía qué decir para mantenerla cómoda y entretenida. Cuando llegaron a su casa, Lucian detuvo el carro frente a la entrada y rápidamente bajó para abrirle la puerta. Era todo un caballero, cuidando cada detalle. —Muchas gracias, me divertí mucho —dijo Azul, sonriéndole con sinceridad mientras se bajaba. —El placer fue mío —respondió él, inclinando ligeramente la cabeza, pero sin apartar la mirada de sus ojos azules. —Me encantaría volver a verte —añadió él, dando un paso más cerca, su voz suave pero con un matiz que Azul no supo interpretar del todo. Ella bajó la mirada, tímida, y luego dijo: —No estaré mucho tiempo aquí. En unas semanas iré a la universidad. Lucian esbozó una sonrisa tran

