Nuestras miradas se ensamblaron y ambicioné a impulsarme a besarlo, pero no creí que pudiera, otra vez estaba bloqueada y no quería apresurarme a hacer algo incorrecto; la culpa me carcomía. Adam me tomó con vigor del brazo, acercándome hacia él, para plantar un beso sobré mis labios. Quede helada, perdiéndome en sus ojos, tal vez esa era la oportunidad. Había sido tierno, inocente, sin apresurarse. Él no quería caminar antes de gatear como todo el mundo. En el libro, sería una hermosa lluvia, aunque aquí, en vez de gotas, era granizo. Los gatos no estarían enrollándose sobré el techo y las bocinas de los autos en planta baja, no ensordecerían mis oídos. Corrimos hasta adentro, digamos que el granizo golpea fuerte. Un minuto en silencio fue suficiente para que yo volviera a la reali

