Salgo de la habitación después de haber acostado a Teresa, de haberla escuchado y prestado la atención que debí haberle dado hace un mes. Jamás dejaré de recriminarme por no haberme percatado de los pequeños detalles, de esas miradas cruzadas, de esos movimientos involuntarios, del recelo y el odio que tenía mi hermana hacia mi ex novio. Ahora lo sé. Quiero que el mismo infierno me trague y me lleve por pecadora, ya que no me puedo imaginar lo que ese hombre pudo haber hecho si no hubiese llegado al lago ese día, si no hubiera llegado a tiempo. Teresa me narró que esa tarde, pasadas las seis, estuvo tirando piedras en el lago mientras pensaba en cómo largarse del pueblo. Sentía que este lugar no estaba hecho para ella. Me dijo cómo Lucian intentó besarla en varias ocasiones. Ella, tomá

