Jeremy tomó mi mano con cautela y caminamos juntos hasta su auto. Al parecer no había manera de evitar ver las casas, mis futuras cuatro paredes a las que deberé llamar “hogar”.
Entré al auto y de nuevo Jeremy giró su muñeca para ver su reloj. Parecía tener urgencia en llegar a el destino o en salir de aquí. Observé a la puerta de la casa y estaba mi madre observando de un lado a otro, un poco nerviosa y miraba también su reloj.
Alzó su mano para decirme adiós y Jeremy aceleró inmediatamente. No dejé de observar la casa, cada vez se hacía más diminuta, hasta que la perdí de vista.
Durante el recorrido no dije ni una sola palabra. No tenía ánimos. Estaba de nuevo sumergida en el recuerdo de Brandon.
Me dejé llevar por mis pensamientos y recordé esa última vez que lo vi. Sin darme cuenta, estaba de nuevo en recuerdo del restaurante al cual pensé que íbamos a cenar, a compartir y ser felices; hasta que me di cuenta de la verdadera razón de nuestra cita.
Ese día recuerdo que estaba muy feliz de verlo. Estar lejos de él, aunque fuera solo unos días, era difícil. No tenía palabras para explicarlo, pero así me sentía.
Recordé llegar al lugar, Brandon se levantó inmediatamente, pero su adorable sonrisa había desaparecido.
Me acerqué despacio y mi corazón empezó a acelerarse cada vez que me acercaba más a la mesa, pero sentía que era por algo más fuerte que yo. Sabía que algo estaba mal en su mirada. Y por supuesto, la ausencia de su habitual alegría y emoción cada vez que nos veíamos había desaparecido completamente.
Su padre nunca había aceptado nuestro romance. Siempre fue enemigo del mío por un problema con unas tierras donde mi padre construyó sus hoteles. Era una guerra familiar de mi abuelo paterno y él de Brandon, pero ahora era de nuestros padres. Pero esa noche verdaderamente entendí que era cierto, que esa enemistad de años era la culpable de que ese día iniciaba nuestra despedida.
Esa noche Brandon no tenía las palabras ni el coraje de decirme a los ojos que debía irse. Que su padre lo había enviado a estudiar a Boston de la noche a la mañana. Era obvio que querían separarnos.
Brandon tenía un sobre con el boleto de avión y la carta de la universidad donde viviría los siguientes meses o quizás años. Sostuve el sobre, y sin querer, las lágrimas que brotaban de mis ojos alcanzaron las hojas.
No podía creer que era un adiós quizás para siempre, pero en el fondo sentía que no era así, que volvería a verlo. Pero la realidad se convirtió en dos breves llamas que aún revivo, en varias cartas a las que en un momento me aferré con mi vida, y en un gran silencio de su parte que ahora es mi presente.
Me alejé del recuerdo de Brandon al sentir la mano de Jeremy sobre la mía que reposaba en mi pierna. Me asusté un poco y la aparté nerviosa.
―¿Estás bien? Estamos llegando a la primera casa.
Sonreí sin ánimos, se estacionó y una agradable señora nos recibió en la entrada de una casa blanca con una linda cerca de madera. Era como las casas de las películas.
Estaba presente de cuerpo, pero mi mente no estaba. Recorrimos los rincones de la casa, parecía perfecta, pero no despertaba ninguna emoción en mí. Todo lo contrario. Sentía que el aire me faltaba y que no podía continuar con esta farsa un día más. No podía seguir mintiéndole a mi corazón.
No estaba lista para seguir viendo más lugares, no era el momento.
Me aparté de Jeremy y me alejé al jardín de atrás. Era perfecto. Sentí un poco de paz por un momento y escuché sus pasos. No dijo nada y simplemente se quedó a mi lado. Extendió su mano y me dio una galleta. La señora que enseñaba la casa tenía una pequeña merienda para los interesados. Le sonreí y la acepté.
―¿Qué te parece la casa?
―Es muy bonita.
―Aún faltan dos más.
―¿Podemos hacer esto otro día?
Jeremy no dijo nada, pero era evidente su incomodidad y molestia ante mi petición. Observó de nuevo su reloj y siguió en silencio.
De pronto se colocó frente a mí, acarició mis hombros y dijo con una mirada sutil:
―Lo que tu quieras. Sé que todo lo que te dije de la isla y adelantar la boda es el causante de esta distancia que hay entre nosotros. Pero quiero que por favor olvides todo eso que dije.
Lo miré y sonreí. Era difícil no acceder ante esa mirada fija y cautivadora que tenía. Sin duda era un hombre que sabía cómo convencerme.
En ese momento vi frente a mí dos salidas: Seguir lamentándome y sufriendo por el hombre que amo de verdad, o enfrentar mi futuro con un hombre como Jeremy.
La nostalgia y el pasado querían tomar mi presente, pero era mi decisión ser feliz o seguir estancada. En el fondo quería respuestas de Brandon, pero el hoy me obligaba a darme cuenta que esas respuestas nunca llegarían, y que debía abrir mis ojos para ver quién me merecía de verdad; y al parecer, era Jeremy.
Le sonreí de nuevo y sentí como sus brazos fuertes y firmes acariciaban despacio mi cintura, parte de mi espalda y lentamente me acercó a él. Podía sentir su respiración lenta pero profunda acariciar mi mejilla, las cosquillas al pasar por mi oreja y la electricidad al tocar mis labios. Me dejé llevar por el momento, por sus labios, por esa sensación extraña y al mismo tiempo agradable de besar a otro hombre, sentirlo, disfrutarlo y desearlo.
Pero, aunque el vacío de Brandon sigue en mí corazón, estoy harta de sentirlo.