Renato creyó haber escuchado mal, tenía que ser así. —¿Qué? —preguntó cuando pudo encontrar su voz. —Estoy embarazada —musitó ella, en medio de un sollozo. Renato se puso de pie, se alejó de ella, caminó de un lado a otro, se mesó el cabello y volvió junto a ella. —Larissa. —Sé que estás molesto conmigo, Renato, y también sé que tienes razón. Hay cosas que no debí hacer y, aun así, las hice. Sé que estimas mucho a Ricardo y que fue la principal razón de tu molestia, pero eres mi hermano y yo no puedo seguir sola con esto. Tenía que decírtelo —lloró—, siento que voy a asfixiarme en cualquier momento, no sé qué hacer —añadió en medio de un sollozo. Renato guardó silencio, pero no se alejó, por el contrario, la tomó de los hombros y la abrazó. Larissa sintió que el dique que contenía

