Capítulo 5. ¿Conoces a este hombre?

1709 Words
Kate bajó del auto, apenas Grace estacionó. Hasta ese momento no se dio cuenta de que se había saltado el desayuno, su estómago gruñó en respuesta. —Muero de hambre —susurró, cuando la modelo se unió a ella. —Somos dos, soy capaz de comerme lo primero que encuentre en el menú —dijo, mientras caminaban por el estacionamiento. —Estás exagerando —sonrió Kate, deteniéndose al chocar con un cuerpo macizo—. Perdón—se disculpó de inmediato. —¡Kate! —gritó el hombre, dibujando una hermosa sonrisa en el rostro al ver a la muchacha. —Michael, ¿Qué haces aquí? —preguntó Kate, saliendo de su sorpresa inicial, dibujando una sonrisa de oreja a oreja en su rostro. Los latidos de su corazón se aceleraron y un pequeño sonrojo pintó sus pálidas mejillas sin maquillaje. —Supongo que lo mismo que ustedes, ¿nos sentamos en la misma mesa? —preguntó el guapo hombre. —Claro, hace tiempo que no coincidimos —dijo Kate con emoción, mordiéndose el interior de su mejilla. Michael tenía algo que le encantaba y le hacía sentirse bien. Había sido así desde que lo conoció por primera vez. —Pues créeme que no ha sido por falta de ganas, preciosa. He estado fuera del país por negocios y recién he llegado ayer —explicó él sin borrar su sonrisa—. Te eché de menos. Kate se sonrojó tanto como una manzana, una sensación de aleteó nació en la boca de su estómago mientras caminaba al interior del restaurante. Estaba emocionada. —Yo también te eché de menos, Michael —le dijo, abrazándolo justo al entrar al restaurante. —Hola, ¿te olvidaste de que existo o tu misión es matarme de un infarto? —alegó Grace en tono celoso. Una ligera carcajada salió de los labios de Michael. —Lo siento, hermanita, quería darte una sorpresa esta noche durante la cena en casa de nuestros padres, supongo que ya no será posible —dijo, sin apartar la atención de Kate. —¿Cena? ¿Cuál cena? —¿No te ha llamado mi madre para invitarte? —cuestionó Michael, mientras caminaban a la mesa que el camarero les había asignado. Kate se tensó al sentir la cálida mano del hombre sobre su espalda, pero no se alejó. Le gustaba aquella sensación. Le gustaba más que la mano de Michael sobre su espalda, le gustaba él… —No —respondió Grace, extrañada, su madrastra no se olvidaría de ella bajo ninguna circunstancia. —¿Estás segura? —Completamente, segura —afirmó Grace. —Deberías revisar tu móvil, hemos estado todo el día de tienda en tienda, Grace —le aconsejó Kate, mientras se sentaba en la silla que Michael le ofrecía caballerosamente. Grace resopló, pero lo hizo. Su rostro se tiñó de rojo al ver las veinte llamadas de su madrastra. —Creo que le haré una llamada o Jane es muy capaz de no invitarme a venir a casa lo que queda del año —dijo, levantándose de la silla y buscando un lugar privado para llamar a su madrastra y pedirle una disculpa por no responderle antes. —Entonces, ¿Qué ha sido de tu vida en estas últimas semanas, Kate? —preguntó Michael, mirando a la joven de una manera intensa, como si quisiera envolverle el alma. Kate tragó el nudo formado en su garganta, ¿Qué iba a decirle? Ella no estaba preparada para contarle sobre su matrimonio con Ricardo. «Tienes que hablar con él, Kate, tarde o temprano va a enterarse», le susurró su conciencia, aun así. ella no estaba preparada. Recién se habían encontrado luego de varias semanas. —¿Qué puedo decirte? Lo mismo de siempre, entre la casa de mis tíos y las visitas a mi abuela en la clínica, el tiempo se me va volando. Tengo una vida bastante aburrida —respondió ella. —¿Y tú? —preguntó para apartar la atención sobre su vida. —He estado viajando los últimos meses, hoy te puedo decir que ha valido la pena. Hemos logrado establecer una agencia en España y otra en Londres, me gustaría que vinieras cuando celebremos nuestro primer desfile —dijo. Kate sintió un nuevo vacío en su pecho, podía sentir el interés que Michael tenía en ella y era un sentimiento correspondido, ella gustaba del hermano de su mejor amiga, pero temía arruinar su amistad con Grace y si las cosas no llegaban a funcionar, perdería la amistad de Michael y no estaba preparada para eso. «Estás casada, Kate» Su conciencia le incordió en el momento menos oportuno, ella dejó escapar un gemido. —¿Te duele? —preguntó de repente Michael, acariciando su mejilla magullada. Kate se tensó. —Ya no, me he pegado con la puerta, estaba distraída —mintió y Michael lo sabía. —Apuesto mi cabeza a que fue tu tío —le dijo. Los ojos de Kate se llenaron de lágrimas. —No, no llores, no quise incomodarte, bonita; sin embargo, no puedo evitar sentirme molesto por las acciones de tus parientes. Deberías dejarlos y buscar tu propio camino. Ven conmigo a España y si no te gusta, te llevaré a Londres —le dijo. Kate negó. —No puedo irme sin mi abuela, ella es todo lo que tengo —musitó. —Eso no es verdad, Kate. Grace y yo te queremos —le dijo, limpiando las lágrimas que se derramaron por sus mejillas. Kate se lamentó que la oferta llegara demasiado tarde. Ahora, no podía marcharse, estaba atada a Ricardo Ferreira. Michael notó la distracción de Kate y se lamentó ser el causante de aquel incómodo momento, para ella no era fácil alejarse de Carlota, él lo sabía muy bien. —Lo siento, bonita —le dijo, tomando su mano y dándole un ligero apretón. Kate asintió, las palabras no salían de sus labios que parecían haberse sellado. —Te invito a venir a cenar esta noche a casa de mis padres, estoy seguro que pasarás una noche divertida, ¿Qué dices? —expresó con tono alegre, tratando de arreglar lo que creyó haber causado. —Michael, yo… —Por favor, Kate. Ven a casa, quiero que estés presente —insistió él, aferrándose a su mano—. Por favor. Kate se mordió el labio, el golpe le dolió un poquito, pero no tanto como le dolía el corazón. Tenía que rechazar la invitación, no podía olvidarse de que ya le pertenecía a otro hombre, aunque solo fuera sobre el papel. Ella y Ricardo Ferreira jamás tendrían un matrimonio de verdad. Eran como el día y la noche, como el agua y el aceite. Y mientras Kate dudaba. Ricardo ardía en furia al ver la mano de Michael aferrada a la mano de su esposa. ¡¿Cómo era posible que Kate no lo respetara?! —¿Qué haces? —preguntó Renato al verlo ponerse de pie y con el semblante serio. —Esa mujer es mi esposa —gruñó—. No va a burlarse de mí y menos en mi propia cara —añadió con voz ronca. —Bájale a tu intensidad, Ricardo. Kate es tu esposa de nombre. Deja que se vea con sus amigos o quizá él sea el novio a quien tuvo que dejar por ti. Ricardo le dedicó una fría mirada a su mejor amigo. —¿Crees qué no aceptó de buena gana? —le cuestionó Ricardo con seriedad. —No puedes estar seguro de si aceptó de buena gana o no. Exigiste una novia y es lo que la familia Spencer te dio. —Por favor, Renato. Kate es integrante de esa familia y al verse amenazada con la ruina ¿crees que no pudo incluso hasta ofrecerse para ser la sustituta de Ellen? —No puedo asegurar nada, no estuve presente en casa de los Spencer, me limité a transmitir tus deseos y nada más. Ricardo gruñó. —Como sea, ahora es mi esposa y lleva mi apellido. Lo menos que espero es que me sea fiel. No voy a tolerar que sea de otra manera—espetó. Renato puso los ojos en blanco. —Eres demasiado necio, Ricardo. Déjala, es más, si lo ves desde otra perspectiva. Es mejor que ella tenga una pareja, podrás solicitar el divorcio y quedar libre de Kate, sin tener que pagar ningún tipo de indemnización, tu vida volverá a la normalidad y… Ricardo no se quedó a escuchar las palabras de Renato, no pudo hacerlo en el momento que la mano del hombre acarició la mejilla de Kate que él creía haber magullado. —¡Kate! —la llamó. Su voz era afilada y sus ojos parecían dos dagas dispuestas a romper lo que se travesara en su camino. La joven abrió los ojos, impresionada y asustada. No esperó encontrarse con Ricardo en el lugar y menos en aquellas circunstancias. Un escalofrió le recorrió el cuerpo, su boca se secó y sintió como si una piedra se instalara en la boca de su estómago al darse cuenta que era inevitable que Michael se enterara de la verdad. —¿Estás bien? —preguntó Michel con el ceño fruncido al ver la actitud del recién llegado y el rostro pálido de Kate. —¿Qué haces aquí? —preguntó ella, ignorando sin querer la pregunta de Michael. —Es lo mismo que quiero saber yo, ¿Qué haces acá y con este hombre? —le cuestionó. Ricardo tenía las manos apretadas en dos fuertes puños. —Un momento, ¿Quién es usted y qué es lo que cree que está haciendo? —lo enfrentó Michael. Ricardo le dedicó una mirada gélida. —¿No le has dicho? Kate tragó con fuerza, rogando para que Ricardo no dijera una sola palabra más y tener la oportunidad de explicarse ante Michael. —¿Decirme qué? —preguntó sin entender— ¿Conoces a este hombre? —añadió ante la agresividad del recién llegado. Kate estuvo tentada a decirle que no, que no lo conocía. La mirada de Ricardo le invitaba a negar todo tipo de lazo entre ellos, pero… —Claro que nos conocemos, Soy Ricardo Ferreira, su marido —soltó sin miramientos… «Su marido»
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