Renato miró a Larissa, se veía terrible y por un momento se sintió culpable. Habían pasado varios días desde la fiesta. —¿Te sientes bien? —preguntó, incapaz de mantenerse indiferente, Larissa era su única hermana y le dolía verla sufrir de esa manera. —Me siento como la mierda, si te interesa saber. Soy consciente del error que he cometido, Renato. —Vuelve a Brasil —le sugirió de nuevo. Larissa dejó el cubierto a un lado de su plato con una calma que no sentía, levantó los ojos que se habían llenado de lágrimas ante la insistencia de Renato para enviarla de regreso a casa. —No lo haré, aunque no me quieras aquí, me quedaré —respondió. —Necesitas tiempo para superar esto, Larissa, cuando te sientas mejor, vuelve. —No, buscaré trabajo, alguna agencia puede interesarse en mi trabajo,

