Yo no sabía que decir así que me quede congelada, sentada en el asiento del pasajero mientras escuchaba a Sebastián maldecir más de una vez. Por mis mejillas, salían miles de lágrimas ocultas por mi cabellera negra, mientras que Eva quién estaba afuera del auto, le rogaba a Sebastián que abriera la puerta del auto, pero el ojiverde no se lo permite. De un momento a otro, ya no podía escuchar su voz, solo decidí apagar el sistema de mi cabeza mientras miraba al suelo, pero todo vuelve a mí cuando escuchó como el seguro del auto se desactiva. Yo tomó la oportunidad que me esta dando, para abrir la puerta y salir corriendo, mientras Eva corre detrás de mí a pesar de ser un adulto mayor. Mis pasos son tan rápidos que cuando llegó a mi habitación, no puedo evitar caer al suelo como si fuera u

