Las cosas en el campo no andaban muy bien, Hernán y Marcos discutían acerca del mejor método para tratar a Diablo. Según su capataz, había que ser duro con él, en cambio Marcos aducía que tratarlo mal sería mucho peor. Diablo era un caballo salvaje que Rodrigo había adquirido en uno de sus viajes a las montañas, pero el animal, aunque en algún minuto se mostró dócil, cada vez era más obstinado, no dejaba que nadie se le acercara. Era un animal muy especial para el dueño por el modo en el que lo encontró: llorando por su pareja. ―Si lo maltratamos, se pondrá todavía más furioso, toma en cuenta que hasta hace poco era un animal libre, hoy está aquí, encerrado, y si es golpeado, menos va a querer “darse” con nosotros, debemos ganar su confianza ―aludía Marcos. ―¡Por favor, Marcos! No pu

