‒ ¿Qué ha sucedido allá? – preguntó su hermano al marqués, tras entrar por la puerta principal de la propiedad, y Samantha lo miró con los ojos como platos, quería asesinarlo. El marqués enarcó una ceja al escuchar aquella pregunta indecente y totalmente fuera de lugar. ‒ ¿No deberías encargarte de otros asuntos, Max? ‒ el sarcasmo no pasaba desapercibido, y Samantha estuvo de acuerdo en que lo reprendiera. ‒ Es que se armó un gran alboroto, mi hermana se había alejado de mi lado, así que cuando fui en su búsqueda me encontré con la multitud – su hermano no era capaz de captar la indirecta, y Samantha no supo qué hacer, ya que pegarle en la cabezota frente a Lord Wrightwood no era una opción por más que quisiera. ‒ ¿Me viste allí? ‒ No ‒ reconoció pensativo ‒. Pero supuse que usted s

