—Son mis hijos.—repetía una y otra y otra vez. Así los consideraba, como sus hijos, los amaba, los quería tanto que perderlos era un dolor muy grande, enorme. ¿Y ahora qué haría sin ellos? Llegar a casa y que no estén, no escucharlos, no ver sus ojos, esas miradas, esa calidez que sentía cuando ellos lo reconocían al verlo. Pensar que todo eso ya no estaría, dejaba un gran daño en él.—No me…no me pude ni despedir. Ámbar se puso de pie y corrió en dirección a la salida, vio a Danais que iba hacia el estacionamiento y apresuró el paso hasta alcanzarla. —¡Detente, Danais!—se arrojó enojada hacia allí, a lo que Rick, al ver al actitud con la que Ámbar Clayton se acercaba, no dudó en ponerse en su camino, pero la mujer lo empujó para que le cediera el paso, él sostuvo sus brazos, haciéndola

