La familia Ivanov no se resumía a los gemelos y Oksana. Aún les quedaban un par de parientes vinculados directamente al negocio, entre ellos su tío Viktor Ivanov. Hermano menor de Alexander y siempre esperando heredar esa suerte de trono criminal, jamás se creyó la coartada de sus sobrinos.
—No es como que tenga mucha credibilidad—dijo Oksana completamente imperturbable en esa pequeña habitación de motel—. No tiene el mejor pasado. Hace unos años cometió el error de intentar extorsionar a algunos líderes del hampa—la abracé desde atrás y besé su hombro—. No te preocupes.
—No lo hago —me miró y sonrió por primera vez en el día—. ¿Qué?
—Nada. Solo sigo acostumbrándome—se volteó con lentitud y reí cuando sentí sus manos deslizándose por mi cintura—. Me pasaba los días y noches soñando que estaba contigo. ¿Quién diría que desperté del sueño y lo hice realidad?
— ¿Qué clases de sueños tenías?
Sus dedos se enterraron en mi cintura y di un salto evasivo con toda la intención de que me atrapara. Esa semana me hizo olvidar la realidad y, sin tardar, recordé por qué me había enamorado de ella tan profundamente y justo así: evitando lo que pasaba en el exterior.
◇◈◇
A los días de amenazar a una mafiosa peligrosa se me ocurrió darle mi ayuda a Devora. La pobre inocente necesitaba quitarse de encima a Oksana y pensó que yo podría intervenir cuando Katherine y ella decidieran verse y actuar como si no se amaran.
Era un detalle mío, quizás mi frase de vida: quiero ayudar, meto la pata y me hundo hasta las rodillas. Así me sentía cuando golpeaba la puerta de las extranjeras.
—Debes ser amiga de Devora—asentí a la francesa y se asomó sin interés en ocultar su ropa interior—. Creo que salió...
—Si buscara a Devora estaría golpeando su puerta ¿No crees? —asintió con desinterés y continué—. Busca a la puta de tu amiga.
—María no está.
—A la rusa.
Asintió con lentitud y miró hacia la puerta de Devora que se acababa de abrir.
—Mi nombre es Oksana—ahí, con unas enormes ojeras y los ojos rojos, estaba el torbellino lunático de Moscú—. No puta, ni rusa, y definitivamente no "zorra de las nieves".
La francesa cerró y caminé hasta la puerta de Devora. La rusa ni siquiera tuvo intención de cerrarla en mi cara y no se volteó a verme cuando entré como si fuera mi casa. En un leve análisis comprendí que la estaba pasando mal: había llorado y era demasiado temprano para desayunar vino tinto.
—Sé que no somos ni remotamente conocidas por lo cual no debería darte consejos, pero...
—Genial que lo sabes. No lo hagas.
—...el amor no debería forzarse—dejó de mirar su camino hasta el sofá y se volteó a verme —. Lo sé, debes pensar que intento llegar a ti para que dejes en paz a mi amiga y su romance y no mentiré, es mi primera intención, pero de verdad creo que es algo que le diría a cualquiera.
—No necesito tus consejos ni los de nadie. Lo último que quiero es que alguien tenga lástima de mí y...
—Es lo último que quieres, pero es lo que provocas. Estoy segura de que provocas lo mismo en Devora—abrió la boca y contuve la respiración cuando las lágrimas corrieron por su rostro—. Sé que duele, pero es la verdad y alguien tenía que decírtela.
—La verdad es que mataré a tu amiga si me quita lo único que ha sido mío—aunque hablaba entre dientes y llorando parecía tener más convicción que un dictador en pleno discurso. Me quedé muda varios segundos—. Eso si dolerá.
— ¿Te escuchas cuando hablas? Necesitas ayuda profesional y no se bien si psiquiátrica o policiaca.
—Tal vez ambas.
Mi cara de espanto debió ser graciosa porque comenzó a reír como la loca que era. Sin decir más se volteó, pero su salida lunática triunfal no funcionó debido a las extrañas cosas que pasaban en ese departamento como para que ella pisara una pelota de tenis y terminara cayendo de trasero en la comida del perro. Debía ser mexicana para que pusiera una cara de espanto más graciosa a la mía y gritara que ardía.
Me quedé un rato distrayéndola de lo que estaba pasando en la fiesta e intentando convencerla de que Katherine no le estaba quitando nada aparte de lo que le pertenecía. Le repetí que Devora era la que la buscaba, pero al parecer esa defensa no funcionaba porque la otra cretina realmente sabía hacer que la amaran a ciegas.
Seguramente yo era la única persona en la faz de la tierra que no metería sus manos al fuego por Devora Wigmore. De hacerlo, ya estarían rostizadas.
No podía dialogar con ella así que me rendí. Opté por verla de lejos esperando que reaccionara o que Devora dejara de rogarme por ayuda cuando sabía que nada detendría a la rusa de actuar de forma imprudente. Pero yo la veía y quizás solo habíamos hablado un par de veces, pero era tan fácil leer sus emociones.
— ¿Qué tal va el slogan? —me levantó una ceja y apunté su foto para el baile de primavera que me había cansado de ganar—. Si no te aman, acósalos hasta que lo hagan.
— ¿Ahora somos amigas?
—Íntimas. Lavé tu ropa interior—me dio la espalda y caminó hasta la parada de autobús. La seguí en mi auto— ¿Hoy no tienes un caballo de acero?
— ¿No tienes nada mejor que hacer? —me encogí de hombros y quité el seguro de la puerta de copiloto—. Ella te pidió que me vigilaras ¿No?
— ¿Parezco la clase de persona que le hace caso a Devora Wigmore?
—Pareces la clase de persona que haría lo que fuese por su amiga—guardé silencio y alcanzó la manilla de la puerta—. Deberías alejarte de mí. Estoy harta de estar rodeada de gente que ama a esa chica, snezhinka.
A pesar del tono afilado, subió al auto y manejé con dirección a los departamentos. Era un largo camino y me quedé mirando el frente, buscando algún tema de conversación y no sabía cómo era posible encontrarlo cuando mi vista se detuvo en sus piernas, luego en sus pechos y finalmente en su boca.
Era curioso recordar cómo era cuando la conocí. No había mejor personificación del diablo hecho mujer, pero esa no era la misma que ahora estaba sobre mí, sonriendo y sacudiendo su cabello de lado a lado siendo lo más parecido a un ángel sobre la tierra. No supe eso por las comparaciones, lo entendí cuando conocí el verdadero infierno que tenía un suelo inestable y voluble y venía de la mano con Cookie.
Todos tenían días buenos y malos, pero los de Cookie golpeaban ambos extremos y era confuso para cualquiera. En efecto, si era dos personas distintas y la primera vez que me encontré con su versión oscura fue igual de agridulce que la versión de luz.
Aún estaba en pijama cuando golpeé su puerta. Intentó ocultar su pijama, pero podía ver que había olvidado que quedamos en salir a trotar como cada martes. Para aliviar las cosas, intenté bromear: pésima idea.
— ¿Te espero o perderás la oportunidad?
— ¿Oportunidad de ser tu recurso de superación? —puse los ojos en blanco porque aún no me acostumbraba a sus celos injustificados siendo que ni siquiera éramos amigas—. Ya vete, Teresa. De seguro mañana tendré ánimos de perseguirte como una maldita sombra.
—Estoy segura de que mi sombra es más alta—intentó cerrar, pero pasé mucho antes de que se metiera en mi camino—. ¿Qué planes son mejores que salir de este nido de ratas? Sin ofender, Changa.
Toqué la nariz de la ardilla y siguió tan pacífica como siempre. Cookie seguía mirándome desde la puerta y con la luz de adentro pude notar lo pálida que estaba. Intenté acercarme para verla de cerca y me alejó de inmediato.
—Nos vemos el viernes. Ahora debes irte.
— ¿Qué diablos te pasa? ¡Cada día estás insistiéndome y ahora me corres! ¿Te funciona?
— ¿En serio crees que necesito insistir? —nos quedamos mirando en silencio y lo soltó sin anestesia. Luego entendería que ese era su estilo—. ¿A quién crees que engañas? Estarías intentándolo con cualquiera y nadie daría la talla para ocupar el lugar de una asesina.
—Oh, púdrete. En serio. Me largo con gusto—casi como una brisa pasó por mi lado y obstruyó la puerta con una silla. La miré sin creerlo—. ¿Sabes que eso se hace para que no entren? No me evitará salir y...
Hubiese reclamado luego de sentir el empujón que me dio, pero terminé sentada en la misma silla y se subió sobre mí haciendo justo lo que me advirtió que haría días atrás.
Un día, Teresa. Un día me provocarás de la peor forma y conseguirás lo mejor.
Me besó por primera vez, de forma decente y, a pesar de mi miedo de no corresponderle pude hacerlo sin pensar en nadie más que no fuera ella y lo agradables que eran sus delgadas manos en mis mejillas y su grueso cabello n***o entre mis dedos.
Tal vez Cookie era así. No podía hacer nada normal que pasara inadvertido en la memoria de todos. Ella hacía todo inolvidable porque de la nada se levantó, me empujó de la silla y abrió la puerta invitándome nuevamente a irme. Después de eso no me habló por días.
Quería insistir, pero no sabía si de verdad quería saber por qué era de esa forma. Me acercaba para luego alejarme, quería estar cerca, pero no lo suficiente para conocernos bien. A medida que avanzaban las mañanas en que me enfrentaba a su bipolaridad comprendí que Cookie no quería aferrarse demasiado a algo que pudiera perder y no la culpaba.
Dejar de amar era una cosa, pero perder a alguien te marcaba por la misma cantidad de tiempo en que se iba. Para ella era un para siempre.
◇◈◇
La nieve parecía estar a punto de cubrir una de las ventanas de la pequeña cabaña cerca de las montañas. Llevábamos ahí casi dos semanas y cada hora me cansaba más de las llamadas que alteraban tanto a Oksana. No le temía a su tío, temía a que se supiera la verdad de lo que había pasado.
Al igual que todos, su padre recibió la noticia de que su hija había sido asesinada en Norte América. Destrozado, viajó a buscarla y sus hijos mayores lo esperaban con el cajón que subieron al jet. En conversaciones vagas, los hombres Ivanov coordinaron su venganza, pero los planes se hundieron en el mar cuando Alexander abrió el cajón para ver a su hija y lo encontró vacío.
Preguntó qué estaba pasando, pero al voltearse a ver a sus hijos estaban los tres viéndolo con la misma frialdad que a cualquier enemigo. No preguntó nada más y ni siquiera mostró sorpresa cuando Oksana levantó su revólver y apuntó su cabeza. Ella decía que ver su cuerpo hundiéndose en el mar no sería un recuerdo que se quedaría impregnado en su memoria: lo que no la abandonaría fue la leve risa de su padre antes de morir.
Siempre esperaba obtener algún sentimentalismo de ella o los gemelos, pero no los había. Parecían aliviados de haberse quitado un obstáculo de encima. Oksana sabía que tener el control era la única forma de llevarme a su país, pero Rusia comenzaba a hacerse demasiado frío para mí. Necesitaba un abrigo y las dos sabíamos de qué clase.
—Pensé que no extrañarías tanto tu basural de país.
—No es el país y lo sabes—suspiré y la miré—. No puedo seguir mintiéndoles. Podría siquiera despedirme de una buena forma.
—No tienes que despedirte. Todo esto es temporal y lo sabes—puse los ojos en blanco sin creerle un poco y se molestó—. Es por ella. ¿No?
— ¡Por favor, Oksana! —me puse de pie y la enfrenté—. Tengo familia y amigos. Tú me prometiste que podría volver a explicarles esto cuando todo estuviese seguro y no veo que eso esté muy cerca.
Oksana odiaba verme llorar, lo podía ver en su temple. No era buena a la hora de dar seguridad, pero si era buena dejando que la frustración la dominara así que caminó al baño y de regreso estaba cargando unas tijeras y un frasco que lanzó sobre la cama. La miré callada cuando cortó su melena de una vez y su largo cabello platinado cayó al suelo.
Después me indicó el frasco y yo seguía muy impactada, pero lo sostuve de todos modos.
—Vamos a ver a las amigas.
◇◈◇
Cuando Oksana estuvo oculta en el antiguo departamento de mamá dependía de mí y el único momento del día en que podía pasar a dejarle comida era durante la noche. Me había cansado de aconsejarla y ella se cansó de fingir orgullo. Solo nos mirábamos, pero esa noche no soporté la culpa sobre mis hombros y la dejé caer frente a sus pies que, después de todo, eran los culpables.
—Se quedó conmigo hace unos días—limpié mi nariz y la miré. Había llorado todo el camino—. Se despierta durante la madrugada...gritando y pidiendo que no la corten. Sus heridas siguen abriéndose y no estoy siendo jodidamente metafórica.
—Se lo advertí.
Alcancé una lata de atún y se la lancé. La evitó sin problema, pero no estaba preparada para que la tomara del cuello y la mantuviera inmóvil contra la pared.
—No te amaba a ti. Aunque Katherine no hubiese movido un maldito músculo Devora la habría amado mil veces más de lo que ya lo hacía ¿No entiendes? —apreté mis dientes y sentí mis lágrimas corriendo—. Sería tan fácil darle paz.
Apreté su cuello un poco más, pero la solté cuando noté que le estaba costando respirar.
—¿Qué paz podrías darle? Eres una cómplice ahora ¿Y por qué? —la miré recostada en la pared pareciendo confundida—. Me odias casi tanto como ellas, pero aún así me ayudaste.
—Soy una ingenua, pero creo en las segundas oportunidades y la tuya está muy lejos de aquí.
—Hay personas que no merecen más oportunidades—miró hacia la ventana y luego sus manos—. Estoy segura de que soy de esas personas y tú no eres tan buena como quieres parecer. No sé si quiero saber por qué hiciste una excepción conmigo.
Yo tampoco quería saber eso, pero podía sentirlo hace días, pinchando las yemas de mis dedos cada vez que la veía.
—Solo debemos esperar un tiempo más y...todo habrá acabado.
—¿Y qué si ya empezó algo más? —nos miramos y negué con la cabeza antes de que se acercara—. Lo sabes. Sabes muy bien en qué te estás metiendo.
Era como hundirse en arena movediza. Intentabas salir, pero solo te hundías más: así se sentía querer a Oksana cuando estaba prohibida. Sus manos eran de arena y también sus labios. Estaban sobre mí, pero no podía contenerlos lo suficiente. Nadie sabía qué había debajo de la arena movediza, pero yo sí. Llegabas al paraíso más extraño y placentero, pero tenía bordes y eran las cuatro paredes del departamento y yo que siempre fui realista comencé a odiar la realidad si no podía tener a Oksana en ella.
El plan de alejarla de Chicago cada vez se veía más imposible y yo era más incapaz de dejarla ir. Evitamos tanto el desenlace que nuestro paraíso se destruyó en un par de días, cuando Devora cruzó la puerta haciendo lo único que sabía hacer: destruir todo a su alrededor.
Oksana tenía razón. Si había empezado algo más y yo lo sentí reviviendo cada vez, en especial cuando Katherine recibió un mensaje con la noticia de que ella estaba en la ciudad y Devora la había invitado en plena crisis judicial por culpa de Evan.
Mi primer sentimiento no fue la emoción: fueron celos. Sabía mejor que nadie que no podía reclamar. Ella sabía que había algo entre Cookie y yo, era clandestino, pero existía y cuando me encontré con ambas en el mismo cuarto no hubo ningún dilema: Oksana seguía haciendo añicos cualquier órbita que me mantuviese estable.
— ¡No soy una niña! ¡Sácale el maldito seguro o juro que destrozaré tu vidrio!
Sin ponerme atención, Cookie metió la llave y encendió el motor así que la golpeé en los brazos hasta cansarla.
— ¡Ella no te quiere ahí! ¿No lo entiendes? —me tomó de los hombros y me sacudió, con furia en sus ojos—. Ella no te quiere.
—Pero yo si la quiero a ella—bajé la mirada cuando no pude soportar el daño que le estaba haciendo—. Sabes que es así.
Cookie manejó hasta mi casa y me quedé pensando en las posibilidades de que Oksana estuviese ahí para darnos la oportunidad que perdimos. Al llegar la mañana entendí que era por Devora quien no insistió más de una vez y logró lo que yo no logré en meses.
Ian pasó por mí y ni siquiera me preocupé en notar a Cookie en el asiento trasero. Estaba muy ocupada y alejada de todo debido a los ecos en mi cabeza con las palabras de Katherine recordándome que Oksana estaba por Devora y jamás por mí.
Ian no comentó nada mientras conducía, no respondió a ninguna de las ironías de Cookie y me esforcé tremendamente en ignorarla, pero no tuve éxito. Llegamos a casa de Devora gritándonos hasta que la voz se nos gastó y de seguro con Ian necesitando terapia.
Me molestaba cada vez que ella tenía una emoción apocalíptica y ni siquiera intentaba ocultarla, pero cuando se trataba de lo que yo necesitaba saber lo escondía bajo miles de llaves en un pequeño sótano en donde latía su escurridizo corazón.
La miré en sus intentos de conseguir lo que quería. Provocaba verbalmente y podía asegurar que lanzaba patadas bajo la mesa, pero Oksana era mejor ocultando sus emociones. La ignoró y, de paso, se evitó una guerra civil en la mitad de un rancho.
— ¡Por favor, Teresa! Sólo mírala—miramos a Oksana y ella se encogió de hombros sin tener idea a que se refería Cookie—. ¡Está muy calmada! No quiero meterme en la cabeza de ninguna para comprender qué diablos ves en ella, pero...—me apretó del brazo y la miré —. Sabes que no te conviene.
— ¿Sabes lo patética que te ves? —sin dudarlo, me puse entre ambas antes de que Cookie le sacara la lengua y se la metiera por el trasero. Esa era su amenaza recurrente—. Es el espectáculo más triste que he visto.
— ¿Tanto como perder las rodillas de tanto arrastrarte por mi prima, zorra? —las separé cuando estaban demasiado cerca y molestándose en potencia—. Sé lo que has hecho. Teresa también lo sabe, por eso sabe qué le conviene.
—Sabe muy bien lo que le conviene o no ¿Por qué mejor no le das las razones de por qué a ti no te conviene esto?
Cookie tenía algo con los sentimientos. Yo sabía mejor que nadie que le importaba, pero ella odiaba admitirlo. Odiaba admitir cualquier clase de afecto por cualquiera y, a medida que lo ocultaba, terminaba disipándose y se convertía en una realidad o, mejor dicho, en nada.
Era muy inestable estar con ella. Con mucha facilidad me hacía sentir inútil y no deseada y luego como si fuera su oxígeno. Era difícil lidiar con sus problemas cuando ni siquiera quería arreglarlos. Había salido de rehabilitación, pero sabía que era cuestión de tiempo para que volviera a caer y hacer lo mismo que hizo la última vez: apartarme.
Y era difícil amar a Oksana sabiendo que aún no superaba a Devora, pero jamás sentí que me daba señales confusas. Jamás pareció avergonzada de sentir algo por mí así que me quedé mirando a Cookie y esperando que dijera algo real.
—Odio saber que he perdido el tiempo—mantuve mis labios cerrados y me esforcé por no llorar. Sería la maldita guinda del pastel—. Deberías saber lo que quieres y...
—Y claramente no eres tú. Supéralo.
— ¡Basta, Oksana!
Mi gritó fue un intermedio entre la risa burlesca de Oksana y la furia de Cookie. Rápidamente fuimos corridas por Devora y la poca paciencia que la caracterizaba. Estuve de acuerdo hasta que Oksana no quiso irse conmigo y pidió que estuviésemos a solas unos minutos más. No necesitaba mucho para destruirme.
◇◈◇
Aunque el tiempo había pasado y me explicó que dijo lo que dijo para alejarme y mantenerme a salvo, seguía doliendo como si cada palabra fuese verdad. Todo desde ese día se sentía doloroso sin importar que en la realidad Oksana me amaba y estaba conmigo, de regreso en Chicago y en la misma casa en donde me rompió el corazón "por mi bien".
Yo era un manojo de nervios. Pasaron casi cinco meses desde que me fui a Rusia y ese periodo se caracterizó por una comunicación escasa que exasperaba a Katherine, pero cuando la vi iluminada por la lámpara de su sala de estar y dejó caer sus tacones sentí que la tensión dejaba mi cuerpo. Busqué las palabras para pedir perdón, pero no me dejó decirlas y me abrazó haciendo que me derritiera entre sus brazos y llorara de felicidad.
La atención que Devora y Katherine pusieron en Oksana me ablandó aún más. Nunca pude asegurar que estaban sufriendo por su muerte, solo las sentía con la culpa a rastras y la necesidad de hacerme sentir mejor al respecto, pero la ahogaron en cariño y le hicieron saber lo felices que estaban al confirmar que estaba viva.
Oksana parecía más sorprendida que todos y con una mirada me pidió que la dejara a solas con Devora. Me costó muchísimo hacerlo, pero esa preocupación se extinguió cuando me encontré en un espacio junto a Katherine que manejaba y hablaba con gran felicidad sobre sus clases y todo lo que había aprendido gracias a su trabajo, eso sin mencionar lo satisfecha que estaba con su vida como madre y esposa.
Me quedé mirándola y sonriendo. Sonaba como la persona que siempre quiso ser, en completo control de su vida y, al mismo tiempo, libre. Estaba tan felizmente celosa. Ian no sonaba muy diferente. Tenían sus planes de niños prodigio y una vida que los esperaba. Ella casada y llena de otros sueños por cumplir, él con la vida que le esperaba en New York y yo solo podía decir era que me iba por un tiempo indefinido.
Sin decirlo comprendimos que no nos veríamos en mucho tiempo y yo me quejé, pero extrañaría mi asiento en la primera fila de sus vidas. Me convencí de no llorar ni decirles lo mucho que los amaba porque levantaría sospechas, pero lo lamenté cuando la tarde se nos acababa. Debí decirles que la mitad de mi corazón se quedaba con ellos.
También debí decirle a Cookie que ella se quedaba con gran parte de la otra mitad, pero me congelé cuando la vi alterando a Oksana y repitiéndome lo que sabía.
◇◈◇
—No lo hagas, Teresa. Después de eso no hay vuelta atrás—Keith la envolvió con sus piernas evitando que saltara sobre mí—. ¡Ese maldito es más peligroso que Devora!
Augusto soltó una risa escandalosa provocando más molestia en Cookie, pero la botella se detuvo en él y ella fue la de la idea de ese juego así que no podía quejarse por el resultado. Nos besamos bajo las exigencias, pero nos separamos por la risa que nos causó Cookie y sus intentos de vomitar.
—¡Es mi turno! —Augusto celebró en su lugar y palidecimos cuando Cookie le quitó la botella y lo amenazó con ella—. ¡Oklahoma!
— ¿Qué mierda es esto? —la sorpresa de Cookie fue más fuerte que sus celos así que puse atención a lo que ella miraba: un nuevo tatuaje en el antebrazo de Augusto—. ¿Dice Rita? —abrimos la boca sorprendidas y él se sonrojó—. Dime que venía gratis con un helado.
—¿Qué tiene de malo? —Cookie y yo nos miramos ahorrándonos todo lo malo que tenía eso—. Estoy enamorado, perras.
—Tú no sabes qué es eso.
Cookie se burló un segundo antes de que Augusto la mirara molesto.
—Tu tampoco lo sabías—me miraron, uno sonriente y otra muy avergonzada—. Esto es lo mismo y...
—Nop. Tú perdiste la cabeza. Yo puedo querer mucho a Teresa, pero jamás me tatuaría su nombre—me miró encogiéndose de hombros y asentí sin darle importancia—. Ni loca.
—Cookie, tú cambiaste por completo. No necesitas un maldito tatuaje para demostrarlo—lo miré riendo y levantándose preparado para volver a su taller—. Eso también es perder la cabeza.
—No lo creo—dije—. Tal vez solo es...entrar en razón.
—Serte infiel a ti mismo para serle fiel a alguien más. Tiene mucho sentido ¿No? —me levantó una ceja y alcanzó mi mano—. Entonces hiciste algo increíble, muñeca.
—No es eso...—de repente Cookie se tomó muy seriamente ese choque de ideologías y se levantó—. No he cambiado, yo...
—No discutiré esto. No es como si te hubiese conocido hace unas horas—Augusto caminó hasta la puerta y me esforcé en buscar un tema para distraer a Cookie—. Desde ahora, es una bendición perder la cabeza.
La puerta se cerró y me animé para ella.
— ¿Podemos intentar el twister? —se giró a verme una vez que estuvimos solas y sonreí—. ¿Verdad o reto?
— ¿Crees que eso es verdad? —con su pulgar indicó la puerta y me encogí de hombros—. No lo siento así.
—No tenemos por qué analizarlo, señorita Obsesiva.
—No es para analizar. Veo su punto. Uno pierde la cabeza cuando cambia absolutamente todo por otra persona, pero no siempre es bueno cambiar.
— ¿A qué te refieres exactamente?
—Hay personas que están bien de la forma que son y que nunca deberían cambiar por nada ni nadie—tocó mi mejilla con sus nudillos y le sonreí—. Nunca pierdas la cabeza, Teresa.
◇◈◇
No sabía qué tanto podía prepararme la vida luego de que decidiera seguir a Oksana, pero ahora estaba segura de que no sería un final feliz.
A eso se refería Cookie. Perdimos la cabeza para bien o para mal, pero ¿Qué te queda cuando pierdes a esa persona que te convirtió en alguien más? Sabía que Cookie volvería a ser como era cuando nos conocimos, que se esforzaría en olvidar quien llegó a ser por mí, pero yo no podría hacer eso después de Oksana.
Ese había sido un viaje para despedirme. Lo sabía mejor que todos. Veía con claridad cómo estaban las cosas en su vida y me daba cuenta de que no había espacio para la normalidad que yo pedía. No podía ni quería dejarla y no me asusté al darme cuenta de que lo único que podría separarme de ella sería la muerte.
Snezhinka (снежинка): Copo de nieve. [en ruso]
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