CAPÍTULO SEIS Una semana después... Anya miraba por la ventana de la biblioteca, deseando poder salir sola. No quería volver a molestar al señor Jones. No había sido más que amable con ella y se sentía fatal por aprovecharse de su generosidad. Seguramente tenía otras obligaciones en la embajada además de vigilarla. No se atrevió a tomar otro libro, al menos no en pleno día. Cualquiera podría entrar y pillarla haciendo algo que su padre consideraba imprudente para una mujer. —Ah, ahí estás, —dijo un hombre con un marcado acento alemán en perfecto inglés. Anya se volvió, temiendo que fuera el prometido de Ana, ausente desde hacía tiempo. Lentamente, apartó la vista de la ventana y miró en dirección al lugar donde se había originado el sonido de la voz del hombre. Llevaba el cabello rubio

