CAPÍTULO DOCE Anya no entendía por qué o cómo se las arreglaba para meterse en situaciones que eran cuestionables. Si ella, como Anastasia, no hubiera sentido la necesidad de poner de su parte para salvar el mundo, tal vez no la hubieran disparado y matado. Aunque todavía se preguntaba si aquello era producto de su imaginación o no. ¿Cómo podría haber sido real? Necesitaba alguna prueba que se lo demostrara; hasta entonces, nunca lo aceptaría del todo. Si lo había sido, entonces había hecho lo correcto. Los niños se habían salvado y, con suerte, habían vivido una vida plena. Seguramente había merecido la pena el dolor y el sufrimiento que había soportado para conseguirlo. Se sacudió esos pensamientos porque tenía que concentrarse en su presente y en dónde la estaba llevando Mathias, Lord

