8.

1043 Words
No entendía qué estaba sucediendo, por qué él estaba besándome cuando parecía haberme dejado claro que no quería tener nada conmigo o… no lo sé, él es tan confuso, no entiendo nunca lo que quiere decir, pero al menos por ese momento decidí no pensar en nada y solo disfrutar lo que estaba sucediendo. Él me besaba con fuerza, todo era tan malditamente intenso que se sentía surreal, Daniel me hacía prender de una manera que ni siquiera puedo explicar, es algo que no me había sucedido antes. Es que era muy distinto ser besado por un chico, tomar este rol porque yo siempre fui el que tomó la iniciativa y el que llevaba el ritmo, pero con Daniel todo era distinto, él era quién me besaba, él me tenía a su antojo y sé que al menos eso parecía gustarle. Amaba la forma en que me besaba, como Daniel mordía levemente mis labios, los lamía y su lengua empujando en mi boca me provocaba sensaciones que ni siquiera sabía que podían existir. Dios, me tenía en su poder. —Me gustan mucho tus labios —confesó al separarse un poco, pero me daba cortos besos y sé que yo lo miraba como un cachorro recién adoptado. —Mmm… —Creo que voy a estarte besando mucho. —¿Y si me niego? —No te estoy pidiendo permiso, solo lo haré y ya —sentenció y de nuevo, quise no sonreír para no verme más estúpido de lo que debía verme, pero no pude evitarlo, sé que me puse en ridículo al mirarlo así de atontado, pero eso no pareció importarle. —Bueno, si eso quieres, pero… si lo haces, trata al menos de besarme con menos ganas. —¿Por qué? —Es que… entenderás que me haces emocionar de más, si sabes a lo que me refiero y… —me interrumpió levantando de repente la sabana con que estaba cubierto y él me miró con una sonrisa de maldad al ver la erección que escondía en mi ropa interior—. Oye, no te burles de mí. Esto es tu culpa. —¿Mi culpa? —Cállate, me bañaré a ver si se me pasa —dije y me puse de pie, tratando de huir de ese vergonzoso momento, pero antes de que me encerrara en el baño, él me detuvo acorralándome contra el armario y sentí su respiración en mi nuca. Sus dedos se deslizaron desde mi espalda, por mi abdomen hasta llegar al borde de mi ropa interior, ingresando y con una de sus manos bajó mi ropa interior y sujetó mi erección, haciéndome encender a más no poder y contuve la respiración. —¿Crees que te voy a dejar con ganas? —preguntó en mi oído y besó mi cuello, mi hombro y cuando sentí su lengua en mi oreja, no pude evitar gemir y él al verme así, pareció incentivarlo más y no pude evitar jadear cuando él empezó a estimularme. Dios, me costaba como el infierno contenerme, trataba de reprimirme al máximo, pero él no me lo hacía nada fácil, no cuando no dejaba de lamer y morder mi oreja, podía sentir su erección contra mí encendiéndome a más no poder y por la forma en que me tocaba de manera experta, me tenía a reventar y sabía que no iba a tardar mucho más. —Me gusta cómo gimes —susurró en mi oído para luego darme un beso muy fuerte en mi cuello que me hizo gritar por el dolor, succionando en mi piel y mierda, sé que iba a dejarme una marca vergonzosa, pero no podía pensar con claridad en ese momento, es que… fue algo agridulce, no sé cómo es que algo doloroso me hizo encender mucho más y lo peor es que él lo notó, así que empezó a estimularme con más fuerza y no pude reprimirme más. Daniel me hizo terminar en un orgasmo tan bueno que parecía incluso surreal, que esto estuviese sucediendo, que este chico grandioso estuviese complaciéndome de esta manera tan exquisita. Me costaba respirar, sentía incluso que temblaba, pero entonces y sin previo aviso, Daniel de un solo movimiento me hizo darme la vuelta, me indicó que me pusiera de rodillas y por supuesto lo hice. Lo vi desabrocharse los jeans, bajarlos un poco junto a sus bóxers y no pude evitar morder mis labios al ver su enorme y caliente erección, más saber que estaba así de duro por mí y lo tenía enteramente para mí, así que sin pensármelo mucho, deslicé mi lengua por toda su longitud, disfrutando su sabor y jugué con la punta, lamiéndolo en círculos, pero el al no poder más, me sujetó por mi cabello, tomando el control absoluto sobre mí y de un solo movimiento, golpeó hasta mi garganta y empezó a follar mi boca sin pudor alguno. Dios, dios, dios. No sé cómo me había perdido de esto durante toda mi vida, es que se sentía tan jodidamente bueno que sabía que ahora me volvería a adicto a esto, buscaría complacerlo cada día si me lo pidiese y me tendría siempre en su poder. Se sentía tan, tan bueno, la forma en que llenaba mi boca con erección caliente, el escucharlo gemir por mí, saber que lo estaba enloqueciendo. Todo era tan intenso que me costaba incluso respirar, Daniel embestía mi boca hasta mi garganta impidiéndome tomar aire, pero aun así no me detuve, lo dejaría tenerme como lo deseara, así que él me sujetó por mi cabello con más fuerza, tanto que incluso dolía y golpeó en mi boca más y más fuerte, tanto que sentía que me ahogaba, pero dios, qué bueno se sentía y aún más, cuando él no pudo soportarlo más y terminó por completo en mi boca, llenándome de sus fluidos pero aun así no me alejé hasta que su erección empezó a apagarse un poco y por dios, cómo disfruté esto. Me puse de pie y él luego de arreglar su ropa un poco, me miró con una sonrisa divertida y con sus dedos acarició mis labios. No pude decirle nada, estaba tan sonrojado y feliz que incluso quería llorar, pero por fortuna no lo hice. Qué increíble me sentía.
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