RELATO 1: Un invitado en casa.
En su monotonía, Camila siempre imaginó que podía ser tomada ferozmente. Que tendría tanto sexo que todo eso que tenía acumulado, cesaría.
Ella había dedicado su vida a su familia, a sus hijos y a su esposo, pero se había perdido. Y ahora que tenía la oportunidad de estar con un hombre así, no la desaprovecharía.
Las oportunidades no se presentan dos veces en la vida. Y Camila tenía muy claro eso.
Ella continuaba arrodillada, como la más obediente de las mujeres. Simón sonrió, y dejó su pene al aire.
Era largo, venoso y carnoso. Su punta brillaba con semen.
Camila lamió sus labios… Esta era la experiencia más loca y más apasionante que había vivido en su vida.
Y sin lugar a duda, era la mejor.
Ella agarró con sus manos el pene de Simón, y sin miedo pasó su lengua por el borde.
Tan pronto su boca entró en contacto con su pene, todo dentro de ella palpitó.
Sentía como su clítoris palpitaba.
Ella lo metió en su boca, trató de meterlo todo sin generar arcadas. Aunque no era posible.
Su cabeza con eso a moverse en sintonía al mismo tiempo que su boca abierta lamía todo a su paso.
Sintiendo el dulce sabor que salía de él.
Su falo se puso más duro, a medida que ella movía más rápido su cabeza.
—Trágatelo todo —gruñó él.
Camila dio algunos movimientos más de su cabeza, apretó su boca a la misma vez que apretó sus piernas.
Simón agarró su cabello, era alucinante como ella con esos movimientos lo tenía allí completamente loco.
Le sujetó la cabeza, hundiendo más su pene en ella.
Camila blanqueó sus ojos, entre jadeos desesperados sintió como sus piernas se mojaban.
Simón se derramó en su boca. Con una sonrisa victoriosa al final.
Una sonrisa que no pasó desapercibida por Camila.
A estas alturas, podría decir que él la estaba usando. Aunque la realidad era otra, ella estaba usándolo, y disfrutaba ser esa mujer que se salía de su zona de confort.
Cuando Simón logró recuperarse luego de ese orgasmo tan satisfactorio.
La tomó entre sus brazos y la llevó hasta su habitación provisional.
Luego de ponerla en la cama, le abrió sus piernas, y clavó su cabeza dentro de ella. Abrió sus labios vaginales y pasó su lengua descaradamente por cada rincón.
Ella se retorcía de placer, su cuerpo temblaba cada vez que él besaba y chupaba sin piedad.
Sus piernas fueron abiertas aún más de lo que ya estaban.
Él abre su boca disfrutando el manjar que tenía enfrente, saboreando el néctar que salía de allí
Ella jadea con fuerza, sin mediar ni un poco el volumen de su voz.
—¡Oh sí… oh sí Simón, no pares!
Fue lo único que ella mencionó justo antes de que temblara una vez más al llegar al clímax.
Su cuerpo tembló mientras se liberaba.
Sonrió, ella sonrió como hace mucho tiempo no lo hacía.
—¿Te gustó nena? —él preguntó relamiendo sus labios una y otra vez.
—Me encantó.
—Recuerda lo que dijo mi primo, debes atenderme y darme todo lo que pido… todo. Lorenzo fue claro, y ahora quiero meterte mi polla hasta el fondo.
Camila sonrió una vez más, escuchar el nombre de Lorenzo, no la hacia retroceder, arrepentirse… ni siquiera un poco.
El rostro de Camila cambió, su cuerpo se había recuperado de tan abismal orgasmo. No lo pensó dos veces cuando abrió sus piernas.
—Hazlo —dijo ella con determinación—. Quiero que me hagas olvidar cada mal rato, cada segundo de abstinencia.
Simón agarró su falo con sus manos, y luego de acomodarse, la penetró.
La espalda de Camila se arqueó, al sentir la primera estocada.
Simón la penetraba con fuerza, profunda y fuertemente.
Pasaba sus manos rudas apretando sus senos mientras estos se movían agitadamente con cada una de sus estocadas.
Ella jadeaba una y otra vez. Simón movía su pelvis con gran agilidad, golpeando sus sexos cada vez que se juntaban.
Sus cuerpos sudaban, mientras se movían en completa sintonía el uno con el otro.
Él la sujetó con fuerza sosteniendola de sus nalgas, mientras que golpeaba fuertemente su pelvis contra ella, el rostro de Simón encargado de situaciones era demasiado s****l, Camila lo observaba y más se excitaba.
Era como un dios griego, un hombre hecho a la medida para volver loca a cualquier mujer.
Simón continúo moviéndose con sus manos ágilmente acariciaba con sutileza aquellos puntos que hacían explotar a cualquiera.
Y cada vez que Camila sentía el contacto, sentía como su cuerpo perdía todo su razonamiento.
Sus movimientos comenzaron a ser más torpes, sus cuerpos temblaron arropados de una descarga de placer totalmente satisfactoria.
Camila lo miró cuando él salió de ella y se fue directo al baño.
Ella observó el desastre de su cuerpo, estaba satisfecho… pero para ella no era suficiente, ella necesitaba más. Necesitaba tanto hasta saciarse por completo.