Capítulo 6: Relato 1

830 Words
RELATO 1: Un invitado en casa. Camila cerró sus ojos, Simón estaba completamente desnudo, al igual que ella. La vergüenza había abandonado su cuerpo en el momento en el que él la hizo sentir deseada. Simón terminó de amarrar cada una de sus extremidades, dejándola completamente inmóvil. Simón derramó un poco de miel a lo largo del cuerpo de ella. Camila cerró los ojos, su cuerpo se sentía mojado. Él se hizo sobre ella, la imagen desde la posición de ella era excitante. Simón comenzó a pasar su lengua delicadamente por ella, siguiendo el rastro de miel, lamiendo todo a su paso sin dejar un solo espacio libre de sus besos húmedos. Sus fuertes manos apretaban los muslos de Camila sin contemplación. La respiración de Camila aumentó considerablemente, y el calor que su cuerpo emanaba delatada que tan excitada estaba. Simón llegó hasta su boca, ella mordió el interior de su mejilla, deseosa porque por fin esos labios gruesos pudieran besarla. Él sonrió con arrogancia, y luego lentamente… tortuosamente acercó su boca a la de ella. El beso fue feroz, candente. Dejándola sin aliento. Sus labios se movían con intensidad, su lengua entraba jugando con la suya. Se separaron solo unos cuantos segundos, sintiendo la falta de aire. Sus labios estaban hinchados y rojos. Él sonrió y volvió a encargarse de ella. De besarla como hace mucho no lo hacían. Su m*****o duro le hacía presión sobre su vientre. Él sin dejar de besarla, se ubicó en medio de sus piernas y la penetró. Sus cuerpos completamente sincronizados, se movieron una y otra vez de manera desesperada. Por momentos, cuando la fricción de sus sexos era mayor, sus labios disminuían su velocidad… Sus respiraciones agitadas y el de la cama golpeando contra la pared, era música para los oídos de Camila. La dureza de Simón le daba una y otra vez, su v****a lo recibía complacientemente. Abriéndose lo más que podía. El cuerpo de ella quedó exhausto, los temblores involuntarios después de su orgasmo la agotaron. Simón no se detuvo, por el contrario, continuó moviendo su cuerpo mientras daba algunas caricias a lo largo del cuerpo de Camila intentando reactivar esa chispa que la volviera insaciable. La penetró una vez más, su pelvis se movía rápidamente, su gesto estaba cargado de excitación con su boca entreabierta y su cabello suelto haciendo contraste junto a las gotas de sudor cayendo por su abdomen desnudo. Camila soltó un grito ahogado, Simón apretaba sus senos y se movía bruscamente de arriba para abajo, su clítoris estaba completamente hinchado y sensible. Él cayó sobre ella, completamente exhausto. Luego de derramarse en su interior. Cayó sobre ella con una sonrisa perceptible, una sonrisa llena de satisfacción. Su respiración era pesada. Él se puso de pie, y soltó los nudos con los que la había amarrado. Ella observó las marcas de sus brazos completamente rojas y mordió su labio inferior al sentir como la emoción la atravesaba totalmente. Él se acostó y cruzó sus brazos detrás de su cabeza, su m*****o estaba erguido duro y completamente liso mezclado con sus líquidos. Ella se subió sobre él, con el espejo frente a su cuerpo. Era un completo desastre, pero sin duda alguna era su mejor versión desastrosa. Ante la atenta mirada de Simón ella comenzó a pasar sus manos con lentitud por su cuerpo sintiendo como este reaccionada únicamente con su tacto. Ella se subió sobre él. Y con sus manos guió su m*****o dentro de su entrada. Esta vez su mirada estaba directa en el espejo, con su cuerpo dándole la espalda a Simón. Él acarició su trasero, y bajó su mano lentamente por la espalda de Camila disfrutando la vista que en estos momentos ella le estaba brindando. Él mandó una palmada a una de las nalgas de ella, calentando mucho más esa mujer que se contenía debajo de esas prendas que usaba a diario. Ella comenzó a mover su cuerpo de arriba a abajo, y de manera circular. Simón desde su posición, le abría sus nalgas y metía uno de sus dedos en esa parte sensible, impulsándola a no querer detenerse. Ella se movía con rapidez, sus manos apretaban sus senos, se acariciaba sin parar. Se estaba enloqueciendo… cada vez que sentía como el m*****o de Simón se hundía más en ella, se hundía con fuerza y golpeaba cada una de sus paredes. Simón metía con gran agilidad su dedo, disfrutando como sus nalgas se abrían una y otra vez cada que su cuerpo saltaba sobre él. Su piel se erizó, sus sentidos se agudizaron. —¡Bien nena, sigue así… no pares nena! —dijo él una y otra vez. Ayudando a Camila con sus manos a moverse incluso más rápido sobre él. Ella miró las marcas en su cuerpo, y una sonrisa apareció iluminando su rostro. Esta era ella, la verdadera ella, esa que tuvo que ocultar por tanto tiempo. Ella se liberó una vez más, está vez con una satisfacción mayor.
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