MARISOL Estaba tumbada en la cama cuando él entró por la puerta. Con una mano atada a la cama, intenté liberarme de las cadenas, pero sin éxito. —Escúchame, Marisol. Nos casaremos. Pronto. Muy pronto. No tienes derecho a decidirlo. Así que más te vale aceptarlo o acabará mal para ti... o para ese niño—, dijo y miró mi vientre. —DEJA A MI BEBÉ EN PAZ—, dije y lo agarré por el cuello para empujarlo. Él apartó mis manos y me inmovilizó en la cama. Acercó su rostro y me dio un beso en el cuello. Grité y pataleé, pero no sirvió de nada. Se apartó y se marchó. Todo mi mundo se derrumbó. Solo me besó en el cuello. Intenté limpiarme ese lugar, sin querer volver a sentir sus labios sobre mi piel. ¿Dónde estás, Tom? ¿Dónde c0ño estás? Pasé las siguientes dos semanas en la cama. Nadie me vi

