MARISOL
Cuando mi primo y mi tía volvieron del trabajo, nos fuimos directamente al centro comercial. Recorrimos todas las tiendas en busca del vestido perfecto, pero ninguno me impresionó realmente.
—Vamos, Sol—, suspiró mi tía mientras buscaba un vestido. —Tienes que llevar algo elegante y con clase. ¿Qué te parece este?—, dijo mientras sostenía el vestido más feo que había visto en mi vida.
Mi primo ocultó su risa mientras yo ponía los ojos en blanco.
—Nunca me pondría algo así—, dije y me di la vuelta para buscar uno yo misma. Por el rabillo del ojo vi un vestido perfecto. Era n***o y elegante. —Este—, dije mientras se lo enseñaba a mi tía y a mi primo.
—Ni loca te voy a dejar ponerte eso—, dijo mi primo con una sonrisa burlona.
—Nadie te está pidiendo permiso. Es precioso, Sol, pruébatelo—, dijo mi tía mientras me daba mi talla. Me probé el vestido y me enamoré de él. Se ajustaba perfectamente a mi cintura y mis caderas, resaltando mis curvas.
Las mangas largas y el escote abierto eran perfectos. Salí y vi que a mi tía se le había caído la mandíbula.
—Oh, dios mío... este vestido está hecho para ti—, dijo mientras me daba la vuelta cogiéndome de la mano.
—¡Por supuesto! Estás preciosa, hermanita—, coincidió mi primo y me sonrió.
—Quítatelo y voy a pagarlo—, dijo mi tía, lo que me sorprendió.
Normalmente nunca me paga nada, excepto la comida o los productos de higiene. Siempre uso mis ahorros o el dinero que me han dejado mis padres, aunque la mayor parte se esfumó después de tener que pagar yo misma todos los gastos del funeral. Me quité el vestido y me volví a poner mis pantalones cargo y mi top corto. Mi tía pagó y fuimos a cenar. Pedí una pizza y la disfruté enseguida.
Era extraño que estuviera tan feliz. No sé por qué, pero algo dentro de mí me dice que confíe en mi familia en este asunto. Solo quieren lo mejor para mí y podré ir a la universidad. Sigo sabiendo que mañana voy a entrar en pánico, pero hasta entonces disfrutaré de este día hasta que mi ansiedad se apodere de mí.
*
TOM
No sé qué es lo que más me molesta. ¿El hecho de que me obliguen a hacer esto o el hecho de que ella sea tan joven? Quiero decir, pronto cumplirá dieciocho años, pero sigue estando tan obligada como yo. Pasé todo el día en la oficina y terminé el papeleo que me quedaba. Gracias a mi padre. Cuando terminé, me fui rápidamente a casa para descansar un poco. No he comido nada más que el desayuno, pero sinceramente tampoco tenía hambre. Lo único que quería era dar un paseo por la playa con mi mejor amiga Sassi.
Es una perra, pero sigue siendo mi mejor amiga. Lo único que nunca deja de hacerme sonreír. En casa, Sassi me recibió con cariño y, después de ponerme unos pantalones cortos y una sudadera con capucha, la llevé a la playa. Al llegar a la playa, le quité la correa y la vi correr hacia el océano. Me senté en la arena y respiré profundamente.
Sé que no tengo otra opción que casarme con ella. Pero no puedo amarla. Mantendré el matrimonio durante un par de meses para que mi reputación mejore, pero poco después me divorciaré de ella. No puedo pasar mi vida como marido. Sassi vino corriendo hacia mí. Jugué con ella un rato antes de volver a casa. Mañana trabajaré desde casa, ya que no tengo ninguna reunión a la que asistir. Después iré a la cena y la aprovecharé al máximo. No puedo darle a esa chica ninguna esperanza de que acabaremos felices.
*
MARISOL
De vuelta en casa, llevé a mi primo a la cocina.
—Fernando, necesito tu ayuda. He invitado a Logan y va a llegar pronto, pero no sé cómo va a reaccionar tu padre por todo el tema del matrimonio, así que ¿puedes ayudarme a colarlo?
—¿Un chico? ¿A estas horas? ¿Estás bien?—, preguntó sorprendido.
—¡Sí! Solo somos amigos, vamos. Solo es un favor—, suspiré.
—Vale, pero voy a estar pendiente de ti cada segundo.
—Está bien, está esperando afuera—. Fernando asintió y se dirigió a la puerta principal mientras yo entraba en mi habitación.
Mi puerta se abrió y Fernando entró con Logan detrás de él.
—¡Pórtate bien!—, le susurró a Logan antes de irse.
—Hola—, sonrió mientras se acercaba para abrazarme. —¿Cómo estás?—, me preguntó mientras se sentaba frente a mí en mi cama.
—¡Bien! Hoy me he comido una pizza entera—, dije orgullosa y emocionada.
—¿Qué? ¿En serio?—, preguntó sorprendido y yo asentí con la cabeza.
—¿Cómo estás? ¿Cómo va el entrenamiento?
—Bastante bien. Tengo un partido la semana que viene. Me encantaría verte entre el público animándome—, dijo sonriendo.
—Allí estaré—, sonreí y bajé la mirada hacia mis manos.
Siento que Logan tiene otros intereses en mí además de la amistad. No quiero romperle el corazón, ya que me voy a casar pronto. Pero, sinceramente, él me hace feliz y siempre está a mi lado. Levanté la vista y vi que me miraba fijamente a los ojos.
—¿Qué tal Netflix?—, preguntó, y me arrancó una sonrisa que pronto se convirtió en una sonrisa. Asentí y saqué mi portátil de la mochila.
Los dos nos tumbamos en mi cama y, a mitad de la película, sentí que me rodeaba con el brazo. No me importó y apoyé la cabeza en su pecho. Me sentí segura y querida de nuevo. De una forma diferente a como me hace sentir mi familia. Él jugaba con algunos mechones de mi pelo. Esto iba a acabar mal. Lo sentía. En cuanto mi tío se enterara... Estaría j0dida, seriamente j0dida.
Pasamos el resto de la noche hablando y acurrucándonos el uno contra el otro. Me contó muchas cosas sobre él que no sabía. Y ahora estamos aquí sentados uno frente al otro, mirándonos a los ojos en un silencio tranquilo.
—Estás preciosa. ¿Te lo he dicho ya hoy?—, rompió el silencio. Negué con la cabeza y bajé la mirada hacia mis manos, ya que se me estaba sonrojando la cara.
—Gracias—, susurré. Era agradable recibir todo ese cariño por su parte. Me hacía sentir mariposas en el estómago. Se acercó y me puso la mano en la mejilla. Deslizó suavemente el pulgar por mi piel mientras me miraba a los ojos. Mi corazón empezó a latir como loco. Bajé la mirada, pero al momento siguiente me levantó la cabeza por la barbilla. Nuestras miradas se cruzaron y pronto posó sus labios sobre los míos.
Mi corazón se aceleró y mi estómago explotó. Le devolví el beso lentamente.
Nuestros labios se movían a la perfección. Le rodeé el cuello con los brazos y le agarré la nuca. Sus manos dejaron mi rostro y bajaron hasta mis muslos. Me levantó y me sentó en su regazo mientras me besaba apasionadamente. Me rodeó la cintura con ambos brazos y me atrajo hacia él. No quería que aquello terminara nunca. Nos quedamos allí besándonos durante diez minutos, hasta que él se detuvo para tomar aliento.
Puse mi frente sobre la suya mientras ambos recuperábamos el aliento.
—Debería haberlo hecho antes—, susurró sonriendo contra mis labios antes de darme un breve beso. Me reí y apoyé la cabeza en su hombro. Cogió su teléfono y suspiró. —Ya es tarde. Debería irme antes de que alguien se dé cuenta de que estoy aquí.
—Nooo. Quédate. Puedes irte mañana por la mañana, cuando todos estén en el trabajo. Quédate esta noche—, le dije mientras lo miraba con ojos de cachorro.
—¿Cómo voy a decirte que no? Está bien, me quedaré—, dijo, y me hizo muy feliz. Ambos nos metimos bajo las sábanas y volvimos a besarnos antes de quedarnos dormidos. Sí, has oído bien. Me quedé dormida. Probablemente fue el mejor sueño que he tenido en los últimos meses.