MARISOL Joe volvió con seis pruebas de embarazo diferentes. —Una habría sido suficiente—, me reí. —Quería asegurarme de comprar la correcta. —¿Así que compraste todas? —Sí, ahora deja de juzgarme y haz la prueba—, dijo. Cogí una de las pruebas y la hice en el baño. La dejé sobre la encimera y llamé a Joe para que viniera. Se sentó a mi lado en el suelo mientras esperábamos impacientes. —¿Quieres mirar?—, le pregunté. Asintió lentamente y cogió la prueba del lavamanos. —Todavía necesita tiempo—, suspiró y la sostuvo en sus manos, sin apartar la mirada. Esperamos lo que parecieron horas hasta que vi cómo los ojos de Joe se agrandaban y una sonrisa se dibujaba en su rostro. —J0der. Sol, estás embarazada—, dijo emocionado. —¿Qué?—, pregunté, sin saber muy bien cómo reaccionar. —

