TOM —Solo dénosla. Es lo único que queremos—, dijo Iván mientras daba un sorbo a su vodka. Mi sangre ya hervía en el momento en que vi que ese cabrón seguía respirando. ¿De verdad espera que les entregue a mi mujer? Así, sin más. —Ya sabes que no te la daré. Es mi mujer. Es mía—, dije con voz tranquila. Si hay algo que mi padre me ha enseñado es que no debo dejar que otras mafias vean mi ira. Ese es su objetivo. Si mantengo la calma, se asustan porque ven que no pueden molestarme. Que no tengo miedo. —Mira, Tom. Llevamos años esperando a esta chica. Iván ni siquiera ha tocado ni mirado a otra chica. Me he asegurado de ello. Solo por Marisol—, intervino entonces su padre. J0dida mi3rda. Todo el mundo sabe que se está tirando a otras mujeres. En el momento en que dijo su nombre, quis

