MARISOL
No dormí nada. La ansiedad me mató toda la noche. Tengo mucho miedo de lo que me deparará el futuro. Por la mañana, comencé con mi parte del contrato. Mi primer punto era que él no se divorciaría de mí hasta que yo entrara en la facultad de medicina y que él tenía que pagar mi carrera.
Sé que es una condición difícil, pero voy a desperdiciar meses importantes de mi vida por él, solo para que su reputación mejore, así que es lo mínimo que puede hacer. De todos modos, es el hijo de un multimillonario. En segundo lugar, tenía “habitaciones separadas”, no iba a dormir en la misma cama ni en la misma habitación que él. Nunca. Para evitar cualquier contacto físico o sentimientos. El tercero era “respetar la privacidad”, él no iba a entrometerse en mi privacidad ni en mi libertad. Puedo ir donde quiera y cuando quiera sin su permiso.
Y, por último, “respeto”. Quiero que me trate con respeto, como me merezco. Si no me trata como me merezco, me iré. No me importa su reputación. No dormir ni salir con otras mujeres mientras estemos casados. Nada que pueda herir mi orgullo o faltarme al respeto. Lo imprimí y cerré la ventana de mi ordenador. Guardé el contrato en una carpeta y lo puse debajo de mi almohada antes de bajar las escaleras. Comí unos cereales antes de ir al salón.
Todos estaban en el trabajo excepto mi primo pequeño, que todavía tenía 11 años.
—¿Te vas a casar? ¿Nos vas a dejar?—, me preguntó con los ojos muy abiertos, esperando que dijera que no.
—Sí, cariño. Lo haré, pero siempre podrás llamarme o visitarme cuando quieras—, le dije mientras abría los brazos para que me abrazara. Me abrazó y apoyó la cabeza en mi hombro. Echaré de menos esto.
Recibí una llamada de Logan y la contesté mientras iba a mi habitación.
—Hola, preciosa—, le oí decir al otro lado de la línea.
—Hola—, dije en voz baja y le oí reír.
—¿Has dormido?
—Para nada. Mis pensamientos han vuelto a consumirme—, le dije y le oí suspirar.
—Me encantaría estar a tu lado hoy. Avísame si quieres hablar de ello. Estaré allí en un par de segundos—, dijo. Qué detalle por su parte. Pero hoy tengo que reunirme con el señor Pérez. Ese cretino arrogante.
—Te lo diré. Gracias, Logan, de verdad.
—No hace falta que me des las gracias. Lo haré porque quiero. Sonríe y esfuérzate más esta noche. Si quieres, puedes llamarme y esperaré hasta que te duermas—, sugirió, y me hizo sonreír de nuevo.
—Vale. Tengo que irme. Hablamos luego.
—Sí. Adiós.
—Adiós—, dije y colgué. Este chico era un ángel. Uno de verdad. No me lo merezco. Decidí estudiar hasta que tuviera que reunirme con él, así que me senté y estudié biología hasta las 2 de la tarde. Después de prepararme, elegí unos vaqueros holgados de cintura media y un top n***o de manga larga. Me recogí el pelo en un moño medio liso y me maquillé como de costumbre. Me puse algunas joyas y perfume antes de coger mi blazer oversize y mi bolso.
Cogí el contrato que casi se me olvida. Fui a ver a mi primo pequeño Jason para decirle que me iba a tomar un café con Tom. Oí sonar el timbre, así que bajé a abrir la puerta. Tom estaba allí de pie, recorriendo mi cuerpo con la mirada mientras yo abría la puerta.
—¿Lista?—, dijo simplemente.
—Hola a ti también, y sí, estoy lista—, respondí mientras me ponía mis zapatillas Jordan blancas y negras. Cerré la puerta y lo seguí hasta su coche. Esta vez tuve que abrir mi propia puerta. Este chico tiene unos cambios de humor muy pronunciados.
*
TOM
Cuando abrió la puerta, no me di cuenta de lo mucho que la estaba mirando. M4ldita sea, esta chica es realmente mi tipo. Llevaba pantalones holgados con un top corto que dejaba al descubierto sus abdominales y su vientre plano. Se puso unas zapatillas Jordan y una chaqueta antes de cerrar la puerta y seguirme hasta mi coche. Hice todo lo posible por mantener la distancia y ni siquiera le abrí la puerta.
Pero necesitaba que me odiara. Durante el trayecto en coche hubo un silencio tenso. Su olor impregnaba mi coche. Sea cual sea el perfume que usa, es adictivo. Por el rabillo del ojo vi un expediente en su regazo. Supongo que ya había escrito su parte del contrato. Perfecto, porque yo también lo había hecho. Pronto mis ojos se fijaron en el anillo de su dedo. Era mi prometida.
Llegamos a la elegante cafetería y nos sentamos en un lugar tranquilo, lejos de toda la gente. Saqué mi contrato del bolsillo de mi traje y lo puse delante de ella, mientras ella hacía lo mismo. No dijimos nada, solo pedimos nuestros cafés antes de mirar los contratos del otro. Ella solo tenía cuatro puntos. Cuatro puntos muy estrictos. El primero no era ningún problema. Podría pagar fácilmente su carrera. Solo esperaba que entrara en la universidad lo antes posible.
Ella me observaba mientras yo echaba un vistazo a los puntos. El segundo también estaba escrito en mi contrato. Habitaciones separadas. Está claro que le costaría controlarse cuando estuviera conmigo. Sonreí al pensar en ello mientras seguía leyendo. El número 3 era respetar la privacidad. Espero que sea recíproco. Aunque quiero estar al tanto de ella y de dónde está.
El último era el respeto. Estos puntos eran bastante profundos para una chica de su edad. Normalmente son jóvenes e ingenuas, pero ella es mucho más madura y reflexiva con las pequeñas cosas. Leí “sin otras relaciones, ligues ni nada que pueda herir mi orgullo”. Espero que sea recíproco.
—Acepto todo, pero con una sola condición. Esto es válido para ambos. Tú tampoco puedes hacer nada que hiera mi orgullo.
—De acuerdo. Veamos los tuyos—, dijo y abrió el archivo.
—Número 1: nada de contacto físico ni apego emocional o s3xual... Me parece perfecto—, dijo mientras seguía leyendo. —Número 2: siempre tiene que asistir a eventos especiales a mi lado y hacer de pareja feliz. No me gustan los eventos—, dijo y me miró fijamente a la cara.
—De acuerdo, entonces yo...—, dije y me levanté.
—No, no, está bien—, dijo y levantó la mano. Me senté de nuevo y ella continuó. —Número 3: Respetar la privacidad. Yo también tenía este punto... Número 4: No hacer nada que pudiera poner en peligro la reputación de mi familia... De todos modos, yo no haría eso... Número 5: Citas semanales para que nos vean los paparazzi cogidos de la mano y cenas románticas... lo que sea—, dijo y puso los ojos en blanco.
—Número 6: No entrar en mi despacho personal en casa... vale... y, por último, número 7: No contarle a nadie nuestro acuerdo y divorciarte de mí sin dramas ni ayuda económica. Como muy tarde, a finales de año... Perfecto, estoy de acuerdo—, dijo y puso mi contrato sobre la mesa frente a nosotros.
—Bien, entonces fírmalo—, dije mientras sacaba mi bolígrafo de la chaqueta del traje.
Firmé los contratos primero antes de pasarle el bolígrafo para que ella pudiera hacerlo. Ella lo firmó y me devolvió el bolígrafo. Recogí los papeles y los guardé en mi archivador.
—Haré una copia para dártela.
—Bien—, dijo ella y dio un sorbo a su café.
—¿Tienes novio?—, le pregunté rompiendo el silencio.
—No, ¿y tú?
—No creo en el amor ni en las relaciones—, dije y di un sorbo a mi café.
—¿Por qué no me sorprende?—, preguntó ella.
—Parece que tienes un problema personal conmigo—, dije riendo.
—No, solo digo la verdad—, respondió ella, esbozando una leve sonrisa con sus labios carnosos.
Eran perfectos. Sus largas pestañas y sus hermosos ojos me atravesaron. Iba a tenerlo difícil con ella, lo notaba. Bebimos café en silencio y luego decidimos dar un paseo junto al agua.
Caminamos y caminamos sin decir una palabra.
—¿Qué les pasó a tus padres?—, le pregunté.
—Murieron hace medio año. —, dijo y miró al suelo. Giré la cabeza hacia ella para ver si estaba bien, pero no pude saberlo porque me ocultaba el rostro.
—Lo siento. Que descansen en paz.
—Gracias.
—Si necesitas algo o a alguien a tu lado, o literalmente cualquier cosa, dímelo—, le dije y dejé de caminar.
Ella necesita a alguien que la proteja y la cuide. Mientras esté a su lado, lo haré.
—Gracias, pero no necesito la ayuda de nadie. Solo necesito una cosa de ti y es ese título universitario—, dijo mientras me miraba fijamente a los ojos. No fallé en hacer que me odiara. Asentí con la cabeza.