Traidor

3043 Words
Algo que entendí hace mucho tiempo desde que nací, «si eso es posible» es que la mayoría desde la peor criatura o hasta el mejor ser humano quiere ser “original” destacar entre los demás, pero cuando lo hace no le gusta ser diferente, no le gusta esa razón por la cual se destaca físicamente, esa niña alta en medio de la escuela que se destaca por eso, quiere ser de la altura media de todos, la persona más baja de la escuela quiere ser la de la altura promedio, la persona que habla mucho intenta no hacerlo para parecerse a los otros y la que es callada intenta hablar para no quedar cómo una “rara”, o las personas que tienen o creen tener un “defecto” genético físico por el cual no quieren ser conocidos por eso o que alguien lo mencione. En mi caso, es ser un demonio, me destaco por ser un demonio. Y si alguien llega a preguntarme a mí o alguno de los chicos que mencione anteriormente si tuviéramos la oportunidad de cambiar eso que nos hace diferentes físicamente, eso que nos saca de la media de nuestro grupo de personas, que si quisiéramos y tuviéramos la posibilidad de cambiar esa cosa que nos saca de la normalidad de nuestro entorno ¿la eliminaría? Quisiera pensar que todos daríamos la misma respuesta: Un rotundo no. ¿Por qué no queremos quitar eso que no nos gusta? porque eso por lo que somos diferentes nos agrada, hasta cierto punto nos gusta o no nos molesta, pero no nos gusta cómo lo toma nuestro entorno. A demás, qué sentido tiene quitar ese algo si no nos amamos a nosotros mismos, tal vez mañana no sea un demonio, pero seguro encontrare otra cosa que odiar en mí solo por el reflejo de los demás. Yo no me quitaría eso por lo que destacó, cambiaría cómo las personas me ven por lo que destacó que es muy diferente, no cambiaría ser un demonio pero sí cambiaría que me vean cómo una asesina solo por serlo o un error que tienen que eliminar. A la persona alta no la hace menos persona serlo “menos linda/o”, a la persona baja tampoco, a la que habla mucho no es porque es intensa y a la persona callada no la hace rara, y a mí por ser demonio no me hace asesina pero aun así nuestro alrededor nos etiqueta así. Nunca cambiaría “eso” por lo que destaco pero si cómo lo toma todo mi alrededor, cómo ellos ven un defecto donde no lo hay, donde solo hay alguien cómo ellos. La charla que había tenido con Alian practicando con la espada me había puesto a pensar todo esto, y ni siquiera son las dos de la tarde. Salí de mi charla existencial para volver a vigilar donde estaba. Podía sentir los nervios en el ambiente esperando lo mejor...a los novios. La diferencia de sus nervios y los míos, es que yo no espero a los novios «yo espero que no me descubran» crucé mis piernas, dejando una al desnudó por el corte del vestido, me acomode lo mejor que pude, el asiento de madera crujió pero nadie pareció escucharlo «odio este vestido», estaba bastante lejos del altar, «lo suficiente para pasar desapercibida» pero sin perder de vista a la persona por la cual venía. Hice contacto visual intencional con una de las chicas de traje, note como se ponía nerviosa ante mi mirada, le sonreí «tal vez esto no vaya tan mal». —Disculpe, señorita, ¿Me podría decir su nombre?— Salí de mi guerra de mirada con la chica extraña al escuchar una voz a mi lado bastante aguda, me giré lentamente hacia la voz que le pertenecía a una chica, le sonreí lo más hipócrita que podía «sí que se me daba bien» fijé mi vista en sus ojos «es bastante linda», traía una lista en su mano... La estaba impacientando, lo podía notar en sus ojos verdes, baje un poco mi vista hacía su pecho intentando visualizar su nombre en la camisa pero no lo tenía, « ¿Por qué no pude nacer humana?» al parecer la incomode un poco con mi mirada fugaz, porque se removió, volví a fijar mi vista en sus ojos y esta vez sí puse mi mejor sonrisa. —Si claro. — Mi voz sonó bastante ronca, como si no hubiera hablado en años. — ¿Algún problema con mi novia, Grettel?— Los latidos de mi corazón se detuvieron al escuchar esa voz, quede helada, no me quería ver lo que más temía detrás de mí «me habían descubierto» mi corazón se aceleró todo lo contrario a hace unos segundos «y sabía perfectamente que él lo estaba escuchando», la chica solo negó nerviosa «Joel la había atrapado con sus encantos» y en cuestión de segundos, dio la vuelta perdiéndose entre todos los invitados de trajes, mis manos empezaron a sudar. —Maldición— me queje entre dientes, sin voltear hacia él. «Alian va a aumentar mi castigo» de eso estoy completamente segura. —Deja de jugar así con las chicas— le amenace en cuanto me percate que a la chica le dolió que el encanto desapareciera. — ¿No te dijeron que ir vestida de blanco a una boda es de mala educación?— Su voz burlona detrás de mí… ya me era tan de costumbre al igual de cómo ignoro mi comentario; no quería enfrentar la realidad, pero no tenía manera posible de que pudiera evitarla «me habían descubierto» La música resonó en todo el lugar, anunciando la próxima llegada de los novios, rápidamente me giré hacia Joel, que tenía una de sus típicas sonrisas delatadora, era lindo observar como sus ojos casi amarillos se iluminaban «pero no era el momento». —No, no cuenta cuando la novia no va a aparecer.— Le hablé secamente, le di un vistazo rápido a su vestimenta, venía de traje, pero no de traje n***o, me relaje de inmediato —¿Hacemos un trato?— intenté convencerlo, su sonrisa se hizo aún más grande «si eso era posible» la música de fondo era lo que le daba el toque raro de película, clave mí vista en sus labios rojos, supe que se dio cuenta en cuanto pasó su lengua por ellos nervioso y en un intento de provocar, ladee mi cabeza de un lado a otro intentando borrar cualquier pensamiento hacia él, «El que juega con fuego, se quema» fijé mi vista en sus ojos, para seguir nuestra guerra de miradas. —Por más que me gustaría tener cosas indebidas contigo...Alian está en la camioneta muñeca, no hay manera posible de que te puedas encubrir.— dijo informando con tranquilidad, era de suponerse que el no vendría solo, para mí sorpresa se sentó a mi lado bajo mi mirada expectante «esto no pasaba a menudo» lo que pasa con normalidad es que me toca salir y verlos hacer lo que yo iba a hacer, todo quedó en silencio menos el coro, todas las personas en el lugar se sentaron sin hacer el mínimo ruido. —Por eso mismo, disfruta la poca diversión que te queda...por varios meses— note la burla de nuevo en su voz, volví a mirar hacia la puerta, para esperar la entrada de los chicos derrotada. Sí que odio estos lugares— murmuró lo bastante bajo para el odio humano, sonreí involuntariamente, aunque no lo estaba mirando podía asegurar que había puesto los ojos en blanco. —Yo me siento como en casa— susurré sarcásticamente, como todos los invitados nos giramos hacia atrás, para ver entrar a los novios. —Eleonora y Mitch deben estar dándole ideas a Alian— gruñí, recordando cómo eran ellos —No lo dudes. — Dijo divertido, la música era larga, y aún no aparecía la novia. —Voy a matar a Kaylet— Volví a murmurar, aunque no estaba molesta con nadie más que con Alian por no dejarme ir a misiones, yo sabía a lo que me enfrentaba en cuanto salí de Leyans, no era culpa de Kaylet o Joel. —Por favor, ya no soporto más tenerlo en mi habitación— La música llegó a su clímax y todos ya estaban preparados para ver entrar a la novia con el novio, pero en vez de novios, entraron cuatro chicos y dos chicas bastante... intimidantes vestidos de n***o aparecieron por esa puerta grande, mi mirada fue directamente hacía él traidor «Kaylet» parecía tener la mirada pérdida en el altar, «a nadie le agradaba este lugar» los humanos con creencia a veces eran más peligroso que uno de nosotros, la música a coro cesó por completó, y toda la iglesia quedo en silenció Joel apretó mí pierna denuda mandando cosquillas a mi espalda baja por su tacto frio, «era la señal» con cuidado me levanté, amaba esto, tanto como para escaparme de Alian «mi última misión por varios meses» caminé segura por esa gran alfombra blanca pero sin apuro alguno, el ruido de mis tacones impactando contra la cerámica hacía eco en todo el lugar rebotando en el oído de cada persona, todas las miradas estaban fijas en mí con cada paso que daba, pero nadie movía ni una sola parte de su cuerpo podía escuchar el corazón acelerado de varias personas, llegué frente al chico que era el único que había quedado de pie «era uno de nosotros», su miedo era bastante visible, como temblaba como si supiera que algo andaba mal, mire de reojo a las personas por seguridad todas las miradas de los invitados ya no estaban fijas en mí, no pude evitar sonreír triunfante «está saliendo a la perfección» volví mí vista hacía él chico, quien estaba alerta con cada movimiento que daba, así que rápidamente puse mi mano en su mejilla delicadamente antes de que él pudiera hacer un movimiento brusco a la defensiva, los latido acelerados de su corazón vibraban en la palma de mi mano incliné un poco mi cabeza quedando a centímetros del chico, su respiración se juntaba con la mía, la adrenalina corriendo por mis venas era lo único que no había bloqueado de mis sentimientos. —No tengas miedo. — le dije en un susurro inaudible, pero no para él, y sonreí, visualice a Alían tras del chico, que en un segundo cayó como roca en sus brazos inconsciente. —Qué lindo cambia forma— le comenté a Alían aún con la mirada fija en él chico inconsciente —Helian ni lo intentes— me amenazó refiriéndose a tratar de convencerlo. Lentamente quite mi mano de la mejilla del chico, dejando la típica marca roja en forma circular con dos medias lunas dentro, la derecha sujetando una estrella y la izquierda un sol bastante particular «el escudo de la escuela». Suspiré dejando ir toda la adrenalina de mi cuerpo «preparada para el castigó» —·—(✷☽☾★)—·— La oficina de Alian era lo menos acogedor que había en el mundo...el gran frío que la caracterizaba, no era oscura pero eso transmitía. Con tan solo ver sus ojos... ese color púrpura en ellos podía distinguir que hablaba muy enserio con respecto al castigo. «Su traje de director tampoco me ayudaba» estuve aquí desde mi niñez, y aún siento que cada vez que entro aquí, dejó de ser alguien para Alían y solo me ve con ojos de decepción. —La verdad, me esperaba más de ti Helian, yo te eduque, crie, y ni siquiera fuiste capaz de que yo no me enterara— dijo su típica frase de padre decepcionado. — ¡NO ES JUSTO! ¡SIN MI NO HUBIERAN PODIDO AGARRAR TAN FÁCIL AL CHICO!— le grité quejándome, me levanté del asiento con brusquedad haciendo que este volara hacia atrás, Alían tenía su mirada desaprobatoria fija en mí, lo reconocía solo porque el color de sus ojos a cada segundo se iba oscureciendo cada vez más, su piel morena y su cabello marrón hacía un maravilloso contraste con el color púrpura oscuro de sus ojos, estaba intentando intimidarme, algo que siempre lograba con dificultad quiero creer y éste día no era la excepción, di un paso hacia atrás. —Tu más que nadie sabes que nada aquí en este mundo es totalmente justo, así que no hagas berrinche por algo que tu provocaste, te deje las cosas claras la última vez— habló secamente, movió algunos papeles del escritorio, y me tendió esa hoja pequeña que resaltaba por su color rojo vibrante la cual contenía el tiempo de mí castigo, la ira empezaba a rozar mi mejilla, agarre ese papel con despreció, me giré y caminé hasta la gran puerta de madera, pisaba bastante fuerte haciendo que los tacones hicieran ese típico ruido molesto, pise aún más fuerte solo para molestar a Alian. —Las acciones tienen consecuencia Helian— hablo tranquilamente. —Vete al infierno Alían— hablé bastante fuerte para que me escuchara, intenté abrir la puerta con todas mis fuerzas, pero esta no cedía «maldito». —Eres la menos indicada para hablar de ese lugar ¿No crees?— dijo calmadamente desde su escritorio tras de mí, volví a intentar abrir la puerta con fuerza y esta vez sí abrió, llegue hasta el umbral, con toda la furia que podía tener...esa gran impotencia inundando todo mi ser, mi respiración entrecortada era solo una señal de que en cualquier momento iba a explotar, sin pensarlo más, me quite mi tacón velozmente y me giré lanzándolo perfectamente a la cabeza de Alian, este la sujeto antes de que pudiera tocar su frente, me miró desaprobatoriamente, pero con eso mi ira se había calmado. Chasqueó sus dedos haciendo que el papel que tenía en mi mano cambiará de número, volví a girarme y aún tenía la cerradura de la puerta en mi mano. —Intenta no lastimar a otros. — me advirtió de mala manera desde su lugar, cerré la puerta de un portazo solo por instinto, pero esto no impidió que escuchara su risa. Me quite el otro tacón. Caminar por el piso de madera del instituto Leyans descalza o con tacones era lo más incómodo del mundo. Varias miradas se fijaban en mí, pero ninguno llegaba a cercarse o preguntarme algo, «DOS MESES SIN MISIONES» era lo que decía en grande con una caligrafía muy elegante el papel rojo, lo hice bolita en mi mano era obvio que Alian lo volvería a poner en mi puerta sólo para retarme, por reflejo lo tiré al basurero al lado de las escaleras y como de costumbre no falle. Tire hacia arriba un poco con mis manos mi vestido blanco que se interponía en mí caminó y subí los largos escalones de cerámica rumbo a mi habitación. Odiaba que Alían exagerara todo en un mundo que ya de por sí es exagerado. —Helian— escuché como me llamaban desde atrás, no me moleste en hacerle caso, seguí subiendo —HELIAN— volvió a llamarme desesperado, me giré rápidamente hacia la voz perdiendo un poco de equilibrio en el acto «no había nadie» mire a mí alrededor y no había más que varios chicos metidos en sus conversaciones y otro metidos en libros «tiempo de exámenes», me giré de nuevo impaciente encontrándome bastante cerca «más de lo apropiado» con Kaylet, me mostró una de sus sutiles sonrisas. — ¿Que mierda quieres Kaylet?— escupí con despreció, aunque no era por él, aún tenía su traje n***o perfecto sin ninguna arruga visible «tal y como debe ser» dirían algunos profesores, la sonrisa de su cara desapareció por completó, ambos nos mantuvimos en el mismo lugar. —Perdón— dijo apenado, antes de que me diera cualquier excusa barata, lo empuje hacia un lado haciéndolo volar solo algunos centímetros, sujete mí vestido y subí aún más rápido las escaleras, hasta llegar al segundo piso —HELIAN— me llamó furioso lo escuchaba bastante cerca, sabía que venía tras de mí, pero sin tomar ventaja de su sobrehumana velocidad, tomándome desprevenida sujeto uno de mis pies y tiró de él, haciéndome caer en el frío suelo antes de que mi rostro impactara contra este me giré como pude, Kaylet rápidamente puso su mano para amortiguar el golpe, no le tomó ni un segundo colocarse sobre mí, sujetando mis piernas con las suyas, intenté golpearlo pero fue más rápido y sujeto mis manos quitándome cualquier movilidad, puso nuestras manos bajó de él, su tacto era cálido como de costumbre. —Escúchame, intenté todo lo que pude para encubrirte, pero Alian ya lo sabía. — Tomó una pausa para respirar —hasta Joel me ayudó, y no logramos convencer a Alian— terminó de hablar y respiró profundo como si lo necesitará con urgencia, su cabello n***o caía sobre su cara nublándole un poco la vista, tomé la oportunidad que tenía y con mis manos sobre las suyas golpee su estómago, dejándolo sin aire cayó a mí lado acostado —mierda— gruñó adolorido. —Idiota— le hable tranquila, tomé el aire que me hacía falta —me lo busque, desde un principio lo hice, no puedo ir a misiones por dos meses más, y digamos que le lancé un tacón a Alian. — le informé cansada y resignada, aun mirando el techo n***o y a algunos alumnos que pasaban a nuestro lado, pero ninguno nos observaba «esto era normal aquí». Moví mi cabeza al costado para mirarlo, tenía los ojos cerrados con la cabeza hacía al frente, dejándome observar sus largas pestañas y bajo de estas sus pecas con sus mejillas sonrojadas por el cansancio, y como de costumbre una sonrisa en su rostro como si recordara algo divertido. Aunque suene muy cursi, no cambiaría estas cosas por nada del mundo. —Casi te gano en una pelea demonio— me dijo triunfante sin abrir sus ojos, sonreí divertida volviendo a mirar al techo —Sigue intentando mitad lobito— le hable burlonamente, en mi campo visual apareció la Profesora Wace al revés, con sus manos apoyadas en su caderas, inclinándose de un lado a otro como típica señora irritada que era «coño».
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