Edith terminó de levantar la mesa y se dirigió a la cocina. Lavó los platos bajo la atenta mirada del hombre. Nunca en su vida vio que su madre y mucho menos su novia, se dignara a lavar los platos y estaba seguro que en vida de su marido, Edith tampoco lo hacía, tendría empleadas que se dedicaban a esa labor. -Te puedo poner empleadas, que no seas más la cenicienta, ni que salgas a trabajar por la noche. Quería convencerla de alguna manera. Ella le sonrió sin dejar de arreglar la cocina, dejando todo en perfectas condiciones, antes de ir a trabajar. Hasta le escribió una nota a Facundo, donde decía que se podía calentar por la noche, ya que ella en ese horario, trabajaba. -Lo voy a pensar. Le volvió a contestar Edith. Lorenzo trató de cambiar de táctica. Se acercó a ella, abrazá

