En el corazón mismo de Eldoria, en las profundidades de un reino que los humanos apenas podían concebir en sus fantasías más gélidas, la sala del Consejo de la Corte Nocturna vibraba con una tensión palpable, más densa y fría que la niebla más espesa de los bosques ancestrales. Era un espacio de poder primordial y absoluto, tallado enteramente en obsidiana pulida y adornado con vetas de cristales oscuros que reflejaban la luz fría de las estrellas cautivas en el techo abovedado, estrellas que parecían parpadear con una intensidad sobrenatural, como ojos vigilantes. Los Ancianos, seres de poder inmenso y sabiduría milenaria, tan antiguos como las montañas mismas de Eldoria, se sentaban en sus tronos flotantes, sus formas etéreas apenas tocando el suelo. Sus ojos, algunos brillantes como gem

