Mientras Lord Kaelen y su grupo Eldrin se deslizaban como sombras hacia el castillo del Rey Malakor, envueltos en la oscuridad de la madrugada y la promesa de un rescate silencioso, lejos, en el Castillo Ainsworth, la noche no era ni silenciosa ni tranquila. Elinore, aún conmocionada por las revelaciones de su madre sobre su linaje Eldrin y la terrible visión de su sueño premonitorio, se debatía entre el temor por lo que implicaba su nueva naturaleza y la recién descubierta verdad de su poder. Sentía un rugido helado bajo su piel, una potencia que la aterraba. La Reina Lyra, por su parte, aunque serena en apariencia, sentía una punzada de inquietud que le oprimía el pecho. La partida de Kaelen había dejado una vulnerabilidad palpable en la fortaleza, y el aire mismo parecía vibrar con una

