«Vaya, es la segunda vez que oigo ese nombre en mi vida», pienso. Su mirada no se separa de la mía, y no comprendo por qué me tiene las manos tomadas. Alza una ceja en mi dirección y suspira. —¿Recuerdas la historia que te comenté, de la pequeña Valeria, que conocí cuando era pequeño? —pregunta y asiento. —Lo gracioso, es que tu también eres el segundo Joaquín que conocí en mi vida… —comento—, el primero, fue cuando era muy pequeña y… —Joaquín asiente, sin dejar de verme a los ojos. —Soy yo… ese mismo Joaquín —Me aprieta las manos, afirmándome una vez más, lo que se me pasa por la mente. Miro a mi alrededor y luego lo miro a él, ya que me falta una parte importante de su historia, la cual no comprendo. Comienza a contarme, que después de que mi padre y George, los dejaran en el albe

