Terminamos de cenar y me puse de pie para ir con mi madre a la cocina y ayudarle con la vajilla sucia, aunque realmente fue para conversar un poco con ella. —Te ves bonita, hija —dice mamá, mientras me pasa uno de los platos llena de espuma, así que lo paso por debajo del chorro de agua y lo dejo a un lado, junto a los demás. —Gracias mamá… ustedes también se ven bien —respondo y me mira con esa mirada dulce que uno esperaría de su madre—. Me encanta ver a Félix como padre y pareja, nunca esperé verlo tan maduro… —agrego y me sonríe. —Tu hermano no lo ha pasado bien… —murmura—. Tuvo una recaída hace un poco más de dos años —menciona y mis alarmas se activan, ya que había pasado por un cáncer testicular hace unos años. —¿Por qué no me llamaron? —pregunto y mi madre me mira con lástima.

