Inicio parte 3

1457 Words
– Angela es una chantajista, no paró de insistir en que nos tomáramos unas copas de vino, incluso nos regaló un Merlot. – su mamá saca una botella de su bolso. – ¡Te estoy oyendo! – grito desde afuera. – Y no es mentira. La hermanita de Ángela se talló su rostro, señal de que ya tenía sueño. ……….. El club estaba arrebatar de turistas y estudiantes, la música tronaban en los altavoces, Angela, Carolina, Soledad y sus sectas de amigas ya estaban algo achispadas, a diferencia de mi, que el alcohol parecía no hacerme ningún efecto. – No sé cómo lo haces – grito Sol por encima del ruido – Estás intacta. – Y tu algo achispadas. – A eso venimos no. – Carol y Mar, no han regresado de la barra. – Seguro están ligando – dijo Angela dando sorbitos así martini seco, quién era las más sobria de nosotras, aparte de mi. Carol llegó con una sonrisita, hechando aire con las manos. – No van a creer lo que acabo de ver – dijo sin dejar de abanicarse. – ¿Piensas contarnos verdad? – Tres dioses griegos, rosa está con uno de ellos, los tres son, nosé, intimidantes. Fingió un escalofrío, pero sonrió con picardía. – Se oye caliente – esa fue Angela. – No pueden ser tan bellos y cometer un delito contra naturaleza – revati y fui ignorada. – A de más a los hombres calientes no les gustan las preuniversitarias. – Es ahí donde te equivocas amiga – dice Angela – Nosotras a diferencia de ti y Sol, ya vivimos la vida salvaje. Carol se ahogó con su bebida intentando contener su risa. – Nosotras ya experimentamos nuestra sexualidad, a pesar de ser virgen… – ¡Cállate! – intente interrupirla pero no sé detuvo. – Los hombres calientes no buscan un compromiso, solo un coño muy fojoso, ustedes son blancos fáciles por su inexperiencia, sin embargo nosotras lo tenemos todo, eso nos convierte en las candidatas perfectas para una noche salvaje, de sexo desenfrenado… ¿Dónde dices que están esos dioses? Agarro a Carol del brazo casi dando saltitos de alegría y eso que no conocía a los tipos. Carol y yo estallamos en carcajadas, aunque era divertido ver flirtear a Ángela, era de esas mujeres que no aceptaba un no por respuesta. – Hora de bailar – dice Sol, toma mi mano y me arrastró con ella a la pista de baile, nos fuimos acercando, dejándonos guiar por el ritmo de la música, rosa se unió a nosotras con su vestido rojo, con un tipo alto que no distinguía por las luces y humo, sus cuerpos se rozaban al ritmo de la música sin ser vulgares, las manos del hombre sujetaban sus caderas que parecía querer arrancarle el vestido, aleje mis ojos de la pareja y comencé a bailar junto a Sol, yo casi nunca las frecuentaba, era Angela que intentaba integrarme en su grupo de amigas, pero a pesar de sus hipocresías y malos pensamientos, eran divertidas. Mi cuerpo era una mente propia, podía seguir cualquier ritmo, sin recordar cómo lo había aprendido antes, pero no me importaba, me gustaba y mucho. La sensación del sudor, recorriendo mi frente, la sangre calentándose a cada movimiento, mis manos recorriendo mi cuerpo sin ser vulgar y mis terminaciones nerviosas brinbando al ritmo de la música. El ritmo me calentó la piel, no hago movimientos vulgares, solo rítmicos y precisos, jugando con mis manos, piernas y cada paso, tocando mi cuerpo sin señalar ninguno de mis atributos, acariciándome las piernas y los hombros al ritmo del sonido, agachandome y asiendo una “S” con mi cuerpo. – ¡Oh dios! – grita Angela – enséñame eso. – ¿Qué cosa? – Eso que acabas de hacer. – Lo intentaré, pero no sé que hice la verdad. – No seas modesta – aplaudió encantada. – Bueno, primero apoyó una pierna adelante y otra atrás, curvas tu cuerpo a la izquierda y derecha haciendo el trazo de una ese, es como te sientas más cómoda. – Lo tengo, lo tengo. – Vamos hacerlo juntas. Y durante la siguiente hora creamos una coreografía casi perfecta. Y derrepente un escalofrío me heló la sangre, podía sentirlo, alguien mirándome, busque entre las sombras sin distinguir a nadie. Mire a Carol que se cubría el rostro con un gesto de sorpresa, mire hacia donde ella observaba y mire bailar a Sol con el hombre más guapo que he visto en mi vida, las palabras “Dios griego” le quedaban grandes. – La han secuestrado. – dijo Carol, – Quiero tomar algo – enrede su brazo con el mío y caminamos a la mesa, aún sentía que alguien me miraba, era como un picor en la nuca, como si me tocaran con la mirada, algo revoloteo en mi vientre y choqué contra la espalda de Carol, dejé de escudriñar a la gente y mire a Carol, que tenía la mandíbula tan abierta que parecía ridículo. – ¿Qué te pasa? – parecía escandalizada y empezaba a preocuparme. Señaló algo al frente y sonrió pícaramente, se giró hacia a mi, me guiño un ojo y tomo su bebida de nuestra mesa en cuanto el mesero la dejo, seguí su mirada, para encontrarme con unos ojos oscuros, mis ojos recorrieron su rostro, su boca, su garganta, todo en descenso, el subir y bajar de su pecho, sus hombros fuertes, las venas de sus brazos, alto, torzo musculoso y bien formado, bíceps fuertes, subí mi mirada más arriba y descubrí una barbilla fuerte, la boca entre abierta y luego sus ojos, oscuros, llenos de brillo, luz y algo que no podía descifrar. Me miraba como si algo nos uniera. El se acercó entre la multitud y se paró unos centímetros de mi. – Hola – saludé nerviosa, su boca se estiró en una sonrisa y dio un paso adelante casi invadiendo mi espacio personal, retrocedí algo mareada y tuve que sentarme en un banco. Se acercó más, tanto como si fuera lo más natural del mundo, una de sus piernas se instaló entre las mías y acercó su rostro ami mejilla. En primer lugar, nunca nadie había tenido tal osadía, al menos que yo recuerde, un calor cálido se instaló en mi vientre. – ¿Quieres bailar? – mi cuerpo se calentó, como si tuviera calentura, su voz era suave y olía rico. Mi corazón latía suavemente, casi tenía miedo que dejara de latir. Mi mente dijo no, pero mi cuerpo respondió otra cosa. – Claro – tome el control de mi misma, tomo mi mano sin pedirme permiso y tiro de mi ala pista. Nos adentramos entre los cuerpos tanto que tendríamos que estar muy cerca, yo estaba como hipnotizada, tiro de mi mano pegándome a su cuerpo, instintivamente rodee su cuello con mis manos, él al contrario, no se contuvo y acarició mi rostro, mi cuello, mis hombros desnudos y bajo por mis brazos hasta rodear mi cintura, la música estaba en su máximo apogeo, sus manos no se movieron de mi espalda, solo me apretaba contra él, bailamos así durante casi una hora. – Necesito refrescarme – dije tímida. Fuimos ala barra con su mano en mi espalda, pidió una botella de agua y abriéndome la me la tendió, bebí hasta la mitad. – Ahora vuelvo – acarició su barbilla suave y firme, asintió y pidió su bebida al barman, me giré como zombi a los baños y espere mi turno. Estaba frente al espejo refrescando me la frente y la nuca, cuando un olor poco peculiar estaba en mi, oli mi muñeca y si, ahí estaba. Sequé mi rostro, de repente su cuerpo me acorraló contra el lavado, y Jadee del susto, sus manos habían estado quietas en el baile, pero aquí subían mi vestido. – ¿Qué estás haciendo? – dije deteniendo sus manos. El expreso extrañeza, como si esperase que me dejara manosear por un extraño en un baño de una discoteca, algo en mi lo rechazaba, no sabía porque, si, lo deseaba, pero no podía permitirlo y eso de alguna manera me hizo sentir culpable. – Lo siento – dijo con aflicción – Es solo que creí, que habíamos conectado. – ¿Cómo te llamas? – Soren. – Lo siento Soren, pero no voy a acostarme contigo en un baño público. – Entonces, la posibilidad existe en un futuro – sonrió pícaro ante mi estupefacción y después se carcajea. – ¡Claro que no pervertido! – me puse roja. Se apartó de mí y aliso mi vestido con sus manos. – Me portaré bien, lo prometo. Salimos del baño bajo la mirada de varias mujeres, el muy maldito había cerrado con llave.
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