inicio parte 5

1272 Words
Capituló 4 Keziah ¡Keziah! ¡Keziah! ¡Keziah! El eco de mi nombre retumbó en la oscuridad, no podía abrir los ojos, toda esta oscuridad era densa y aplastante. Me asfixiaba. “Keziah” “Keziah” “Keziah” Alguien me llamaba y no podía, quería, pero no encontraba la salida. Parecía eterna, hasta que sentí como me libero. Me incorpore de la cama agitada, cubierta en sudor. Mi pecho subía y bajaba con rapidez por mi respiración. Estaba en una cama descocida, con ventanas abiertas, amueblado con elegancia. No costoso, pero si lo suficiente humilde. La cama era lo bastante grande para dormir sola, había una bata extra colgada en un perchero. Salí de la cama, con manos temblorosas y entonces mire el anillo de compromiso. ¿Que? ¿Cuando? ¿Cómo? Me puse de pie repentinamente mareada y con el estómago revuelto, la corta bata callo sobre mis muslos, me sostuve de la pared más cercana con el corazón a mil. “Respira, respira” no es la primera vez que te sucede, solo es otro escenario. “Mis hermanos” recordé despegando me de la pared. Me acerque a la ventana y abrí las cortinas deslumbrandome con el sol. Había un jardín de pasto verde y pinos alrededor de la casa, mis hermanos jugaban lanzando un disco con dos perros hasky. Sabían que era ellos porque solo en una pesadilla dejarían de existir. Busque entre los cajones mi ropa, me di una ducha larga de agua fría, me vestí con un vestido de encaje y zapatillas planas, me seque mi melena negra y larga, dejándome las ondas naturales. Al salir había un pasillo largo, con varias puertas con seguro. Baje por unas escaleras enormes que daban aún vestíbulo, amplio y de mármol, parecía una manción donde me encontraba. – Buenos días señorita – pegue un gritito del susto – Ho discúlpeme. Una señora mayor, de canas y con un delantal de flores. – Estoy bien – le dije al ver su cara de preocupación. – El joven Soren la está esperando en el comedor. – Soren, he. – Si señorita… ¿Se encuentra bien? Puedo subirle el desayuno si está indispuesta. – No te preocupes ahora bajo. Gracias. – Con su permiso. Quería verlo, saber si su voz conincidía con la de mis sueños, ¿De verdad era el mi alma gemela? Sentía la conección, pero aún sentía el vacío, ¿Que no se supone que tenía que desaparecer? Tamara y Thom suben las escaleras corriendo sin saludarme, nunca los había visto tan felices. Cuando llegue al comedor mis padres desayunaban en silencio, con Jhon el consejero de la manada, el único que se acercó a saludarme fue Soren, con un beso en mi mejilla. – Hola, perdón por no despertarte, pero parecías cansada. – Esto… ¿Donde estamos? – En mi cabaña, cercas de Norware, a unos 30 km, dentro del bosque. – ¿Porque? – Sientate porfavor – abrió una silla para mí y me senté, el precidio la mesa – Se que estás confundida, pero no quiero que te molestes, así que voy a decirlo sin rodeos, estabas caminando en el bosque sola, como sonámbula, mi manada te encontró en el pozo, un pequeño riachuelo, cercas de aquí y te trajeron aquí. No era la primera vez que me pasaba. – Tu prometido nos ofrece una alternativa distinta – hablo papá dejando de comer y mirándome con indiferencia – Quiere que te hagas una serie de exámenes, ya sabes de más de los habituales, para comprobar que eres apta para concevir y todo eso. Desde que nací, me han sometido a una infinidad de exámenes y desde que pudieron extrajeron sangre de mi cuerpo, por ser única y especial. Mi padre siempre decía que era por el bien de nuestra manada, que teníamos que buscar protegerla y yo como su primogénita, estaba destinada a ser su alfa cuando se retirará. Mis hermanos regresaron a la mesa entre risas y se sentaron, serios. No hice ningún comentario respecto ami compromiso con Soren, si mis padres decidían comprometerme con mi pareja no me opondría, la tradición era que pasado un año cuando la union se fortalezca nos podríamos casar, por lo tanto tendría que vivir y entimar con Soren dado el momento. Thom – Mamá, ¿Es verdad que ya no iremos a Canadá este año? Ruth – No he dicho eso cachorro – era el apodo cariñoso de mamá. Thom – No me llames así – refunfuño. Tamar – Te dije que si iríamos – se burló sacándole la lengua. Thom – Cállate, per- li-ta. Tamar – Ca-cho-rri-to – se fulminaron con la mirada, era algo habitual entre ellos, buscaban cualquier pretexto para molestarse, papá solo los ignoraba. Héctor – Jhon decidirá si es factible ir. Jhon – Ami no me metan en esto, yo iré con Lisa a casa de sus padres. Tamara – No es justo mamá, yo sí quiero ir. Héctor – Dejen de agobiar asu madre. Yo – Necesito café y mucho. Soren – Creí que no te gustaba. Yo – ¿Cómo lo sabes? Soren – Tus padres me contaron algunas cosas, no te preocupes, yo pregunté. Yo – Habitualmente no tomo, pero necesito uno ahora. – Aquí tiene señorita – dijo la voz de la anciana sirviéndome una taza de una jarra de metal. – ¿Gusta leche y azúcar? Yo – Si porfavor. Soren – ¿Te encuentras bien? Sentí un líquido escurrir de mi nariz y cuando lo toque, vi que era sangre. – ¿Hermana? – mire a Tamar que contenía las ganas de llorar horrorizada. Yo – Estoy bien – pero no lo estaba, otra vez la oscuridad me engulló por completo. ………… “Keziah” “Keziah” “Keziah” Tener el cuerpo dolorido y que algo me sostenía, se sentía extraño y desconocido, hacía mucho calor y no podía respirar. Cuando volví abrir los ojos, y busque algo en la oscuridad, estaba en una habitación, con un reloj de lava que indicaba las tres de la mañana, alguien estaba ami lado, ni siquiera me asuste, sabía de quién se trataba, su rostro estaba enterrado en mi cuello, con su aliento haciendome cosquillas. Cada sueño era como viajar en el tiempo o estar perdida en el, cada escenario, cada hogar era diferente, seguro abrí los ojos por el sonido errático de mi corazón, parpadeo un par de veces y después lo observó despertar. – Hola – Saludo despertando con sus brazos envueltos en mi cintura. – Hola – dije tragando saliva nerviosa. Empezaba a odiar está situación tan inverosímil, alcé mi mano y aparte un mechón de su cabello n***o y corto que le caía de su frente. – ¿Estás bien? – me preguntó. – No – mi voz se rompió – No lose. – Ho cariño – me estrecho contra si cuando empeze a sollozar. – Lo siento – ni siquiera sabía porque me disculpaba. – Estoy aquí – beso mi frente – No me iré a ningún lado. – No quiero cerrar los ojos – solloce – Ya no lo soporto. No sabía cuánto tiempo había pasado y había pasado tantas veces que solo me limitaba a existir, sin preguntar, sin que me importara el tiempo, de hecho, preferiría no saberlo, porque al menos, de esa forma, era una forma de negación pausible y el tiempo no me lastimaría, mis padres y mis hermanos lo entendieron desde que se los prohibi y ahora Soren debía saberlo porque apesar de que quería saberlo, no me lo dijo y yo no pregunté.
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