Al ver los rostros de mis papás, me quedó en claro que algo entre ellos pasaba. —¿Todo bien? —Claro que sí, cariño, ¿a vos te fue bien? Ambos me miraban como niños ocultando su travesura, pero no eran precisamente cuidadosos al momento de ocultar las pruebas del delito. La casa en sí, hablaba por si sola. —Me fue como de costumbre… supongo que me fue bien, dentro de todo… —Seguramente traes un montón de trabajos, ¿no es así? —Sí, mejor subo y me pongo a trabajar… En la escalera fui encontrando tiras y más tiras de cintas de colores, esos que se usaban para las fiestas infantiles y algunas brillantinas doradas, y otras de color, que me dieron las primeras pistas. ¿Una fiesta? No me animaba a preguntar a ninguno de los dos, ya que podía notar que se esforzaban por no hablar del tema

