Mamá me esperaba en la puerta. Por su cara estaba claro que esperaba escuchar mis explicaciones, pero yo, luego de una larga temporada oscura, volvía a sentirme contenta. Cuando la vi le saludé con un beso. —Cariño… ¿sabes quién era ese muchacho? —pero no era una pregunta normal, era más como una advertencia. Fantástico, me dije, ¿acaso quería robarme mi alegría? Como si mi mamá estuviera al tanto de todo lo que yo sufría por dentro, y esa pequeña dosis de alegría que me devolvió Lukas, con su visita, era algo de lo que quería agarrarme para no sucumbir a la realidad. —Sí —contesté, tratando de ignorarla, no pensaba caer en su trampa, pero titubeé, y mamá se dio cuenta. —¿Sabes lo que se dice de él? —Sólo es un amigo. —Empieza así hija, siendo amigos... Subí a mi cuarto. No q

