Para las fiestas de fin de año, Nicolás tenía que asistir a la reunión tradicional en la casa de unos tíos que vivían en la Patagonia, es decir al otro extremo del país, para mi fortuna, y a pesar suyo no podía llevarme. Antes de irse de viaje me entregó un teléfono extraño. —Es un teléfono satelital… con lo que jamás perderemos contacto. —Nunca vi uno… —No son fáciles de conseguir, un amigo me lo facilitó… es lo que usan los guardaespaldas. —Vaya… es pesado… No me veía llevándolo conmigo, pero seguro era por eso que me lo daba. —Amor, debes llevarlo siempre, no vayas a olvidarlo. No se veía nada bien con el hecho de separarse de mí. Tenía una mirada apagada, triste, y cada vez que me miraba suspiraba. —Ya te estoy extrañando. No me gusta nada que nos separemos. No quería irs

