A la mañana siguiente, antes de irme a la escuela, mamá actuaba extraño, pasaba algo pero no tenía tiempo para ponerme a charlar. Al medio día entendí el motivo del revuelo; era el cumpleaños de papá, y yo ¡lo había olvidado! Pero ese no era lo peor, lo peor era que significaba que mis abuelos vendrían a cenar, por eso mamá estaba histérica, y yo también, porque no tenía un obsequio para él, y no se me ocurría una excusa para llevarme su carro. Luego de bañarme bajé a la cocina, mamá preparaba pavita al horno, el plato preferido de papá. No se me ocurría cómo la consiguió, en esos días era imposible comprarla en los supermercados, pero ahí estaba, en el horno, la deliciosa pavita. —Má… me dio ganas de comer… huele rico. —Eso espero, cariño, la estoy cocinando a fuego lento, desde hace

