Un mes más tarde. Una fría brisa acariciaba mi piel. Miré para todos lados. Las calles siempre en constante ajetreo me distraían de la realidad. Madrid era una ciudad mágica, allí era donde querría vivir para siempre. Mientras aguardaba en la mesa de siempre, escribía mi novela, la tenía en el celular, desde ahí me resultaba práctico, tenerla a la mano. Cada tanto, cuando recordaba el helado que se derretía en la mesa, iba saboreándolo. Estaba en Europa y vivía con Lukas, era realmente feliz a pesar de todos los inconvenientes de la vida, pero, muy de vez en cuando, me volvía la desazón por abandonar la universidad y a mi familia. Sentí un estremecimiento en la espalda que me obligó a darme la vuelta. .Ahí estaba Nicolás, observándome en silencio. Me obligué a mantenerme con apar

