Aevan se alistó de inmediato, en tanto Lena fue a la casa de su hermano Erick a llamarlo y, en cuestión de diez minutos, los dos iban a toda velocidad en el auto del último de regreso al Palacio. A esta hora las calles estaban más despejadas, y pudieron llegar muy rápido, lo que era conveniente dadas las noticias. En el camino, Erick fue testigo de un silencio total de parte de su hermano mayor, a quien veía inmerso en sus pensamientos y con los ojos fijos en ninguna parte. El delegado del Dios de los Cielos había sido asesinado. Esa simple noticia le pondría los vellos de punta a cualquiera, y podía ser, y era, un ataque directo a los intereses y a la paz que buscaban como miembros del pecado de la Avaricia. Al llegar al Palacio pasaron entre los guardias como si nada, pues ambos era

