July miró su reloj, vio que era casi la hora del almuerzo, fue a la habitación de Wanda a verla, aún estaba sedada. Bajó a la oficina de Wills, ya se había ido, probablemente con Edu. Así que fue a comer sola, aprovechó para ir a un restaurante al que nadie iba, así que solo comía allí cuando estaba sola. Era muy pequeño, las mesas estaban distribuidas aleatoriamente para que la gente pasara, no había adornos en las paredes, los dueños que atendían a los clientes siempre tenían una sonrisa encantadora, todo estaba muy limpio y podían ver cómo se preparaba la comida, era Quedaba como a dos cuadras del hospital, nunca entendió por qué no les gustaba allí. Así que tomó el camino y se fue rápido, hacía calor y la ropa que había llevado no era propicia para ese clima, aunque era de manga corta, era negra y con una tela que… Pensó: “por favor, ¿por qué la compré yo misma?” el señor Petrik para que la sirviera. - ¡Doctor, cuánto tiempo! Me alegro de que no te hayas olvidado de nosotros. ¿Lo mismo de siempre?
Ella sonrió y dijo que sí, incluso pensó que tenía que ir allí al final de la tarde a comer papas fritas y tomar unas cervezas con Edu. Le encantará el lugar. July estaba sentada de espaldas a la puerta de entrada, la razón, no podía explicarla, ¡pero lo estaba! Estaba esperando su comida cuando sintió una mano pasar levemente por su rostro, tuvo la sensación de ser acariciada por una rosa. Miró hacia la mano que alcanzó a tocar sus labios cuando se dio la vuelta, pero el dueño de ese toque que le provocó escalofríos estaba del lado opuesto, por lo que se inclinó y le susurró al oído:
- ¡Niega que no sentiste nada!
Ella contuvo su abrumador deseo de besarlo y respondió:
- ¡Sí, tenía miedo, estaba a punto de gritar!
- ¿Entonces por qué estás roja y tu aliento como esa noche?
- ¿Qué haces aquí? ¿Me estás siguiendo ahora?
Fue entonces cuando se volvió y le dijo al dueño: - ¡Lo de siempre para mí!
El amable Señor asintió y sonrió. Luego, Davids se sentó en la silla vacía frente a July, quien observó y pensó en lo pretencioso que estaba siendo. Al mismo tiempo pensé cuánto podría resistir, ella realmente estaba involucrada. Pero conocía a hombres como él, no quería eso otra vez. Tenía muchas ganas de alejarme de estas relaciones. Hombres hermosos, ricos, eso sería para ella volver a sufrir. Se quedó allí mirándola a la cara mientras esperaban sus órdenes, pero ella no se atrevía a mirarlo. Sabía que no podía ocultarlo. Su pedido llegó un poco antes que el de él, trató de comer lo más rápido que pudo para irse, pero sin éxito, Davids terminó antes que ella, se levantó y se dirigió hacia la caja. Se sintió un poco decepcionada, pensó que él la esperaría, feliz y aliviada al mismo tiempo. Al ir al mostrador a realizar el pago, le informaron que ya había sido pagado por el Doctor, respiró hondo y le agradeció. Cuando ella se fue, lo encontró esperándola, lo cual no fue realmente una sorpresa, él la invitó a tomar un helado. Miró su reloj y dijo que tenía prisa. Fue ignorada con éxito y tirada del brazo hasta una plaza frente al restaurante. Así que terminó siendo “convencida” de quedarse. Se sentaron debajo de un árbol, cerca de unos niños que corrían. No llegaron a hablar, o mejor dicho, no tuvieron tiempo de hablar, un niño pequeño, como de cuatro años, llegó corriendo y tropezó, solo que esta vez fueron el blanco de la atención, cayó encima de ella, más precisamente en ellos dos, en el helado y también a partir de July. Davids recogió al niño, miró si no estaba lastimado, la madre del niño corrió hacia ellos y se disculpó. Estaban bien. Eso había pensado ella, volvieron a sentarse y él se echó a reír al mirarla, entonces, ella se miró a sí misma, tenía la cara de niña dibujada en el helado picado en su blusa. Ella también se echó a reír. Fue entonces cuando ella abrió el camino y él la besó. Beso que encendió como si fuera una chimenea que calentaba todo su cuerpo. Ardió como si estuviera ardiendo.
Fue entonces cuando en un momento de lucidez se escapó, dejándolo allí sentado. Llegó toda sucia y sudada, se coló, robó una bata de laboratorio que estaba en una silla en la entrada de médicos, se la puso y fue al vestuario, abrió su armario esperando que aún tuviera ropa allí, no la tenía, le envió un mensaje a Lysa para ir al vestuario.
Lysa llegó sobresaltada. - ¿Qué pasó Doctor, está bien?
- Sí estoy bien. Pero mi ropa tuvo un accidente, tienes un cuerpo parecido al mío, pensé que si te quedaba ropa en el armario podrías prestarme una.
- ¡Sí, simplemente no creo que sea tu estilo! Elige aquí.
Miraron el armario, July se quedó unos minutos mirándolo sin tocar nada, pensando, ni siquiera sabía si en verdad estaba preocupada por la ropa. Pasó la mano por el de arriba. Un vestidito rojo con lunares azules y estrellitas, un poco corto para lo que suele usar July, ya que Lysa era un poco más baja, pero estaba bien. Hacía juego con tu zapatilla. Al salir del vestuario, la llamaron a la oficina del Doctora Ray.
Llegó July, la puerta estaba abierta, estaban esperando, ella y un joven de aparentemente veintiún años. No quería imaginar lo que estaba pasando. Fue tomada por una variedad de sentimientos y pensamientos. Pensó en todos los pacientes atendidos por el equipo en los últimos días, si había muerto alguien mayor, un padre o una madre... ¡July estaba temblando y sudando frío, y no era por la ropa que llevaba puesta! Incluso pensó que el director había contratado un acompañante masculino para ella... Ray recibió a July mirándola de pies a cabeza, July sonrió y dijo que luego se lo explicaría, fue entonces cuando Ray le presentó a Lucas Dal Piero, “su nuevo pasante”.
- ¿QUÉ? No voy a despedir a Lysa. Puedes conseguirle otro equipo. Ella se volvió hacia él y le dijo: - ¡Mira, nada en tu contra, no sé ni quién eres! Pero mi equipo está formado. No voy a despedir a nadie, por cierto.