Cada beso que el plasmaba en mí, era una cicatriz que yo sabía que me costaría todo de mi superarlo de nuevo. “Leon, tienes que detenerte por favor” le dije, suplicándole para que el fuera más fuerte que yo, pero estaba pidiendo imposibles, “Roberta te amo, te amo” me dijo y esas palabras llegaron a mi alma como un balde de agua fría. “Me pides algo que sé que tu cuerpo desea con locura, no quieres que me aleje al contrario quieres más, quieres que siga besándote, que toque cada parte de tu cuerpo que te haga mía, no me pidas que me detenga, cuando es algo que tú también lo deseas” me dijo y siguió tocándome, besándome sus labios recorrían mis senos y colocaba uno a uno en su boca, mordiéndolos y eso me tenía a su merced. Estaba indefensa ante él, pude sentir como su erección crecía cad

