Samantha salió de la oficina con el corazón encogido. Sentía un cúmulo de emociones encontradas: tristeza, alivio y una extraña esperanza. Mathias no la había perdonado, pero al menos se casaría con él. No importaba si lo hacía por venganza o despecho, ella aprovecharía cada instante para redimir su pasado y ganarse su corazón. Al llegar a su casa, subió de inmediato a su habitación. Cerró la puerta con llave y se dejó caer sobre la cama. Sus ojos recorrieron el lugar como si estuviera buscando respuestas entre sus propias pertenencias. Finalmente, su mirada se posó sobre la pequeña caja de madera que guardaba en su mesita de noche. Dentro estaba su diario, aquel en el que había derramado cada pensamiento, cada sentimiento, cada lágrima contenida por los años. Lo tomó entre sus manos y,

