El aire en la habitación es caliente, cargado con algo que no solo es deseo, sino también posesión. Siento el peso de sus miradas, de sus presencias envolviéndome, como si cada uno de ellos buscara marcarme de alguna manera diferente, reclamándome como suya. Alaric es el que me ve con unos ojitos tiernos, pero su sonrisa demuestra otra cosa, Aless se lame sus labios mientras se quita su camisa, Alexio es el que está detallando cada centímetro de mi piel sus ojos cambian al igual que sus gestos. Sus cejas están unidad al ver a sus otros dos hermanos poseerme. Mi respiración se acelera cuando Alaric se acerca primero, sus dedos atrapando mi mandíbula con un toque firme pero lleno de una ternura peligrosa. —Eres nuestra mi niña. Su voz es baja, pero no deja espacio para dudas. Aless

