Parpadeó varias veces y la luz del día se refleja en la habitación, abro mis ojos al recordar la noche pasada, bajo mis manos y me encuentro con otras manos que acarician mi estómago, mi respiración es agitada al ver cómo las cortinas se elevan por la brisa que entra por el balcón, trago saliva al suspira. —Si me quieres matar te aviso que solo lo podrás hacer con tus manos, o tu cuerpo, no existe arrepentimiento— giro a mi niña y ella tiene marcas en su cuello y sonreí al verlas, paso mi mano por su cuello y voy bajando hasta llegar al centro de sus pechos, cierro mis ojos al sentir su corazón palpitando por mi toque —Fui tu primer en todo— ella arquea una ceja y luego se coloca boca arriba, notó su espalda al ella sentarse, acarició su columna y su piel se erizo.. —Tus hermanos me van

